Con el avance de un episodio de El Niño, el Gobierno nacional publicó esta semana una guía práctica para que los productores ganaderos y agrícolas reduzcan riesgos ante lluvias intensas. La advertencia busca que decisiones simples de manejo hoy eviten pérdidas de hacienda y cultivos cuando aumente el agua en campos y accesos.
La Secretaría de Agricultura insiste en actuar con antelación: organizar el uso de los recursos forrajeros, ajustar el número de animales por hectárea y disponer espacios seguros donde trasladar la hacienda si se inunda un potrero. La recomendación central es priorizar medidas logísticas que faciliten movimientos rápidos y preserven las categorías más vulnerables.

Entre las medidas prácticas que propone el gobierno figuran:
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- Reducir la carga animal en los sectores con mayor riesgo de encharcamiento para aliviar la presión sobre el suelo y el forraje.
- Reservar y señalizar áreas altas y bien drenadas para concentrar vacas próximas a parir y terneros.
- Habilitar corrales o tranqueras de emergencia que permitan el traslado rápido de animales si crece el nivel del agua.
- Asegurar la accesibilidad de las reservas forrajeras, no solo su existencia: verificar caminos internos y puntos de distribución.
- Intensificar las recorridas y el monitoreo sanitario, con especial atención a bebederos y aguadas.
La Secretaría subraya que una planificación previa reduce la necesidad de decisiones de urgencia y facilita la logística en caso de evacuación de rodeos. Para establecimientos extensivos, la primera decisión operativa es evaluar cuántas cabezas puede soportar cada campo ante un incremento de agua.
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) amplió la mirada hacia los cultivos de verano. El pronóstico de lluvias superiores a lo habitual obliga a revisar el manejo de lotes, especialmente aquellos con menor capacidad de drenaje.
Mariano Cicchino, jefe del INTA Chascomús, señaló que los perfiles de agua en el suelo arrancan la campaña con una reserva relativamente alta —en torno al 70–80%—, pero que el escenario climático proyecta un El Niño con fuerte probabilidad en los próximos meses. Esa combinación puede aumentar el potencial productivo en suelos bien drenados, y al mismo tiempo elevar el riesgo de pérdidas por encharcamientos.
Las recomendaciones técnicas del INTA incluyen evitar movimientos innecesarios sobre suelos húmedos para mantener la estructura del piso, privilegiar siembras tempranas donde las condiciones lo permitan y posponer la implantación en sectores someros hasta que la humedad sea adecuada.

Para ayudar a la toma de decisiones, el especialista sugiere ajustar fertilización y elegir híbridos según la capacidad de cada ambiente, siempre evaluando el estado hídrico y la posibilidad real de ejecutar labores en la fecha prevista.
Implicaciones prácticas para el productor:
- Replanificar ventas o recrías si la carga actual no es sostenible ante posibilidad de inundaciones.
- Mapear rutas internas y puntos de acceso para camiones, asegurando que las reservas de alimento sean accesibles bajo distintas condiciones.
- Fortalecer la vigilancia sanitaria: animales estresados o en zonas anegadas presentan mayor vulnerabilidad a enfermedades.
Si bien la disponibilidad extra de agua puede mejorar la productividad en áreas aptas, el principal riesgo es la pérdida de superficie útil y el deterioro de la calidad de granos y semillas por exceso de humedad. Por eso, el llamado oficial y técnico es claro: planificar ahora para reducir daños después.
Los productores interesados pueden consultar con las delegaciones del INTA y las oficinas provinciales de Agricultura para adaptar estas pautas a sus condiciones locales y calendarizar medidas antes de que las lluvias compliquen la logística de los establecimientos.












