Diego Maradona fue descubierto siendo casi un niño y su paso por un equipo infantil de Argentinos Juniors definió rasgos que lo acompañaron toda la vida. Recuperar esas primeras etapas ayuda a entender por qué su fútbol y su carácter trascendieron al jugador: eran producto de un entorno social y de un grupo que lo impulsó desde abajo.
Tenía nueve años cuando empezó a jugar con los míticos Los Cebollitas, la categoría de Argentinos Juniors que entre fines de la década de 1960 y mediados de los 70 acumuló una racha legendaria de partidos invictos. Aquella camada —la de 1960— no solo dejó números: formó un núcleo en el que Diego encontró confianza, compañerismo y la libertad para expresar su talento.

El entorno familiar también fue clave. Su padre, Don Diego, trabajaba largas jornadas en la planta de Tritumol junto al Riachuelo y, pese al cansancio, acompañaba los traslados hasta La Paternal para que su hijo pudiera entrenar. Su madre, conocida como Tota, se ocupó de la casa y de los ocho hijos; desde ese hogar humilde llegaron las condiciones que moldearon su temperamento competitivo.
Maradona rechazaba un puesto en los picados: así se forjó en Los Cebollitas
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En los relatos de quienes lo vieron crecer se repite una idea: Maradona no solo era distinto por lo técnico, sino por una madurez prematura. Francisco Cornejo —entrenador y delegado que permaneció vinculado al club por décadas— recuerda la facilidad con la que manejaba la pelota y tomaba decisiones, algo inusual para un chico de esa edad. La observación que hizo Cornejo en su tiempo de formador subraya esa combinación de control físico y lectura del juego.
La detección de Diego fue, en parte, resultado de la mirada de otros chicos. Gregorio Carrizo, jugador de la Cuarta de Argentinos, llevó la recomendación que terminó por confirmar el hallazgo: fue él quien propuso incluir al pibe de Villa Fiorito al plantel juvenil. Así se cerró el círculo entre barrio, club y formadores.
Los Cebollitas fueron también un semillero afectivo: los futbolistas se apoyaban fuera y dentro de la cancha. Ese clima explica por qué una derrota —la semifinal de los Juegos Evita en Córdoba frente a un equipo santiagueño— provocó en Diego un llanto del que quedó una anécdota inolvidable: un rival lo consoló y le pronosticó un futuro brillante. Ese gesto, mínimo en apariencia, se convirtió luego en una curiosa premonición.

Aunque algunos titulares recuerdan que había un puesto que el joven Maradona evitaba en los picados informales, los relatos coinciden en que lo distintivo era su libertad para inventar y su necesidad de rodearse de compañeros con quienes conectara. Esa sensación de pertenencia fue, según sus formadores, tan determinante como su habilidad.
- Descubrimiento: detectado a los nueve años tras la recomendación de un compañero, Gregorio Carrizo.
- El club: Los Cebollitas, categoría 1960 de Argentinos Juniors, referente por su juego y su racha.
- Racha histórica: la generación mantuvo un invicto extenso durante años (más de 100 partidos) y construyó su leyenda a finales de los 60 y principios de los 70.
- Formadores clave: Francisco Cornejo, figura central en la formación y quien sostuvo que el grupo era el motor del rendimiento.
- Contexto social: Villa Fiorito y el ambiente familiar —el trabajo de su padre y el cuidado de su madre— como sostén cotidiano.
Las fuentes principales de estas memorias son entrevistas y crónicas publicadas en El Gráfico y conversaciones con quienes le enseñaron a jugar. Esos testimonios no solo reconstruyen episodios puntuales, sino que sirven para comprender la génesis de rasgos que terminarían siendo determinantes en su carrera profesional: la audacia, la inteligencia de juego y la necesidad de un grupo unido.
Hoy, a décadas de aquellos inicios, la historia de Maradona en Los Cebollitas conserva relevancia por varias razones: revela cómo se identifican y pulen los talentos en contextos populares; muestra hasta qué punto el afecto colectivo puede potenciar una promesa individual; y recuerda que las trayectorias deportivas suelen construirse mucho antes de los grandes contratos y los estadios llenos.











