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Gonzalo Bonadeo contó en una entrevista reciente con Mario Pergolini cómo una consulta médica a los 48 años fue el punto de quiebre que lo obligó a replantear su estilo de vida. El episodio, y las decisiones que siguieron, explican por qué hoy su salud y su cuerpo son muy distintos a los de entonces.
El diagnóstico que lo obligó a actuar
El aviso no fue una recomendación más: según relató, el médico Javier Murga le describió con claridad los riesgos asociados a la obesidad —hipertensión, problemas cardíacos, afecciones articulares y la posibilidad de desarrollar diabetes— y le mostró resultados con niveles elevados de colesterol y triglicéridos.
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Murga fue directo sobre el horizonte temporal si no cambiaba sus hábitos, y a partir de esa advertencia lo derivó a la nutricionista Ina Steinel. Esa referencia marcó el inicio de un plan estructurado que Bonadeo aceptó seguir.
Reeducación alimentaria y control sostenible
Lejos de someterse a dietas extremas, Bonadeo optó por una reeducación que priorizara la constancia. Reconoció haber tenido un vínculo emocional con la comida —buscar el sabor por encima del valor nutritivo— y explicó que el trabajo con la nutricionista apuntó a cambiar esa relación.

- Plan alimentario gradual: porciones controladas y presencia diaria de verduras.
- Flexibilidad: permitió alimentos que disfrutaba, como el chocolate, en cantidades moderadas.
- Evitar atajos: rechazó regímenes extremos de muy pocas calorías.
- Seguimiento clínico: controles regulares para medir colesterol, triglicéridos y otros marcadores.
Con esa fórmula, y sin recurrir a atajos milagrosos, logró una reducción de peso sostenida: más de 60 kilos en total, con un descenso inicial especialmente significativo —unos 20 kilos— entre octubre y marzo de ese primer año de cambio.
Indicadores sencillos para el día a día
Bonadeo describió un método práctico para mantenerse alerta: la ropa. «La ropa es mi cárcel», dijo, en referencia a cómo las prendas le sirven de referencia inmediata sobre variaciones en su cuerpo —el ajuste del cinturón o el talle de una camisa le indican si debe ajustar la alimentación o la actividad física.
Recordó, además, un símbolo del cambio: unas camisas compradas en Canadá durante los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 que, tras el proceso, pasaron de ajustadas a cómodas.
Por qué importa ahora
El relato de Bonadeo no es solo una historia personal: remarca que una alerta clínica puede convertirse en detonante para cambios duraderos si se combina con asesoramiento profesional y estrategias realistas. Para quienes enfrentan problemas similares, el ejemplo subraya dos ideas claras: la importancia del control médico y la eficacia de planes sostenibles frente a soluciones rápidas.
Su experiencia también plantea una lección práctica: pequeños ajustes diarios y herramientas simples de autoevaluación pueden ser tan determinantes como las medidas más sofisticadas.












