El Niño amenaza con cambiar lluvias y economía en Argentina: la variable que lo decidirá

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Tras días de cielo cubierto en gran parte del país, Buenos Aires amaneció este viernes con sol; sin embargo, los especialistas insisten en que la atmósfera está entrando en una fase que puede intensificar las lluvias y las fluctuaciones climáticas durante los próximos meses. La pregunta central es si el fenómeno El Niño ya está en curso y qué consecuencias puede traer para Argentina en lo inmediato.

Carolina Vera, investigadora principal del Conicet y profesora emérita de la UBA, resume el panorama con una definición breve pero relevante: un evento de El Niño suele extenderse alrededor de un año; los indicadores apuntan a que este episodio comenzó entre abril y mayo y podría mantenerse hasta el otoño de 2027.

Por qué algunos lo llaman “súper” y qué significa en la práctica

El calificativo de “súper” no forma parte del lenguaje técnico de la meteorología: surgió en los medios luego de que un modelo europeo pronosticara que el evento podría alcanzar una intensidad muy alta. Esa etiqueta ganó tracción cuando la NOAA, el organismo climático de Estados Unidos, publicó a comienzos de julio una estimación que eleva las probabilidades de que entre octubre y diciembre el fenómeno alcance niveles de “fuerte a muy fuerte” (la evaluación fue difundida el 9 de julio).

Desde el punto de vista predictivo, la comunidad científica utiliza modelos acoplados que combinan la dinámica de la atmósfera y del océano. Según Vera, esos modelos permiten anticipar con bastante seguridad la aparición de un El Niño con seis meses de anticipación y, en ciertos casos, incluso con hasta un año de antelación, aunque la precisión sobre la magnitud aún se afina con el avance de los meses.

Qué es El Niño y cómo influye en el Pacífico

En términos sencillos, El Niño es la fase cálida del fenómeno conocido como ENOS (El Niño–Oscilación del Sur). Se detecta cuando la temperatura superficial del océano en el Pacífico ecuatorial central y oriental se eleva por encima de lo habitual. Ese calentamiento altera la circulación atmosférica tropical y debilita los vientos alisios, lo que redistribuye las aguas cálidas hacia las costas de Sudamérica.

Las consecuencias no quedan circunscritas al océano: cambios en la atmósfera tropical modifican los patrones de humedad y precipitación en amplias zonas del planeta, incluido el territorio argentino.

Impacto desigual dentro de Argentina

Vera subraya un punto clave para el público: El Niño no afecta por igual a todo el país. Hay regiones con mayor predisposición a ver efectos notables y otras donde la señal suele ser más débil.

Las zonas con mayor probabilidad de experimentar condiciones más húmedas son el centro-este —la Cuenca del Plata, entre los ríos Paraná y Uruguay— y, en períodos fríos o de transición, sectores de Cuyo y los Andes norpatagónicos. En cambio, la franja central del país suele mostrar una respuesta más limitada porque la humedad que alimenta las precipitaciones suele entrar desde el Amazonas hacia el nordeste y centro-este; la cordillera, por su parte, retiene gran parte del aporte hacia el oeste.

  • Regiones con mayor riesgo de humedad y lluvias: Cuenca del Plata, nordeste argentino, Cuyo y Andes norpatagónicos en ciertas estaciones.
  • Regiones con señal más débil: franja central —menor probabilidad de impactos extremos vinculados exclusivamente al ENOS.
  • Período más crítico: primavera 2026 y el verano 2027, con atención especial a octubre–diciembre según la NOAA.

Factores externos que pueden amplificar o moderar el evento

No basta con mirar solo al Pacífico. Dos patrones globales pueden modificar la intensidad con la que El Niño se deja sentir en Sudamérica.

Primero, el estado del Océano Índico: el llamado Dipolo del Océano Índico (IOD) cambia la distribución del calor en esa cuenca. Cuando el IOD está en su fase positiva —con aguas más cálidas cerca de la costa oriental africana— esa anomalía térmica puede desplazarse y reforzar, por interacción, el calentamiento en el Pacífico, potenciando el ENOS.

Segundo, la circulación sobre la Antártida. El Modo Anular del Sur, o SAM, refleja desplazamientos del cinturón de vientos zonales alrededor del Polo Sur. Un SAM positivo suele concentrar los vientos del oeste más cerca del polo y, en general, puede atenuar la señal del Niño en la Argentina. Si el SAM es negativo, en cambio, la corriente en chorro puede situarse más al norte y amplificar la humedad y las precipitaciones asociadas al ENOS.

Los observatorios internacionales monitorean ambos patrones. El Bureau of Meteorology de Australia señalaba a fines de julio que el IOD se encontraba casi neutro, aunque algunos modelos sugieren una tendencia hacia una fase positiva durante el invierno austral que podría persistir en la primavera.

Qué vigilar en los próximos meses

  • Pronósticos estacionales actualizados: las estimaciones de intensidad y duración pueden variar en semanas.
  • Evolución del IOD: una fase positiva incrementaría la probabilidad de mayores impactos.
  • Comportamiento del SAM y del vórtice polar: definen si la señal del Niño se atenúa o se refuerza sobre la Patagonia y la Pampa.
  • Riesgos locales: mayor potencial de inundaciones y eventos de precipitación intensa en las áreas más expuestas.

En términos generales, y manteniendo cautela científica, la interacción entre un posible Niño intenso, un IOD positivo y un SAM desfavorable podría elevar el riesgo hidrometeorológico en regiones específicas. Pero la variabilidad estacional sigue siendo alta: pequeñas variaciones en estos patrones modulares pueden cambiar el resultado final.

Sobre la relación con el cambio climático, Vera adopta una postura prudente: no se puede atribuir cada episodio individual a la contaminación atmosférica, pero sí es indudable que los océanos globales están más cálidos y que, a nivel agregado, ciertos vientos tienden a desplazarse hacia latitudes más australes —una señal coherente con el calentamiento global—. Ese contexto de fondo modifica el escenario en el que ocurren fenómenos como El Niño.

En definitiva, aunque hoy Buenos Aires luzca despejado, los monitoreos internacionales y nacionales seguirán actualizando pronósticos que determinarán con mayor precisión riesgos y calendarios. Para los próximos meses, los expertos piden mantener la atención en los informes oficiales y en la evolución de los patrones oceánicos y atmosféricos que operan a escala planetaria.

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