Chiachio y Giannone llevan el bordado al centro del arte plástico

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En la escena del arte contemporáneo argentino, la dupla formada por Daniel Chiachio y Leo Giannone ha convertido su vida en taller y su taller en plataforma: su trabajo mezcla retrato, memoria familiar y compromiso comunitario, y hoy se percibe como un aporte relevante a debates sobre identidad, oficio y sostenibilidad cultural. En una charla reciente con La Voz, los artistas trazaron el recorrido de su práctica colectiva y cómo esa forma de trabajo interpela a públicos y comunidades.

Su obra parte de un gesto sencillo y constante: representar la familia —incluidas las “familias multiespecie” que integran— mediante vestuarios, paisajes y roles que cambian de época y de geografía. El resultado no es solo una serie de imágenes, sino una puesta en escena que articula investigación etnográfica, humor y referencias históricas.

Un proyecto compartido que borra autorías

Desde hace más de dos décadas trabajan como un único sello creativo. Esa decisión tiene consecuencias visibles: cada pieza es fruto de una conversación continua entre ambos, donde la autoría individual se diluye y el proceso colectivo se vuelve la forma.

Dos manos trabajando juntas sobre una pieza textil en taller
La autoría compartida se construye en el diálogo y la práctica conjunta.

Sus retratos combinan la figura de la pareja con animales de compañía y miembros imaginados de una “familia expandida”, ambientados ora como cortesanos chinos, ora como campesinos europeos o como comunidades indígenas americanas. Para cada serie, investigan atuendos y objetos hasta reproducir detalles de ritualidad y ornamento.

El tono de sus imágenes transita lo teatral y lo festivo; hay una constante apropiación del gesto performático —cercano a la estética drag y al varieté— que explora también la experiencia homoerótica y las representaciones de la vejez en clave afectiva.

Técnicas, oficios y sostenibilidad

Su trabajo cruza disciplinas: pintura, bordado, montaje textil, cerámica y porcelana. En su práctica el bordado funciona como una “pintura con hilo”: las puntadas se piensan como trazos que construyen volumen y color.

Detalle de puntadas y hilos sobre un tejido decorado
El bordado como ‘pintura con hilo’ y proceso lento y artesanal.

Los artistas incorporan saberes populares y de autoras históricas que admiran, mezclando motivos latinoamericanos con ornamentaciones europeas en piezas de cerámica o en tapices. Esa hibridación, según cuentan, es a la vez homenaje y diálogo crítico con las jerarquías del arte.

  • Técnicas principales: bordado, mosaico textil, pintura, cerámica y trabajo con porcelana.
  • Materiales: telas de uso doméstico, restos textiles y piezas recuperadas.
  • Enfoque: procesos lentos; reutilización y economía afectiva frente a la lógica productivista.

El lento ritmo del bordado —a veces meses o años por obra— y la reutilización de prendas familiares convierten su práctica en una postura que articula activismo, memoria y una ética ambiental incipiente.

Además de la producción íntima, sostienen proyectos colectivos: talleres y acciones públicas orientadas a comunidades LGTBIQ+, migrantes y vecinas. Esas intervenciones suelen culminar en banderas o piezas textiles que enlazan reivindicación identitaria y saberes artesanales.

Trayectoria y reconocimientos

Ambos provienen de familias alejadas del circuito artístico profesional, pero con acceso a actividades creativas en la infancia: cerámica, música y dibujo. Se conocieron a principios de los 2000 en Buenos Aires y, poco después, comenzaron su primer proyecto conjunto, que marcó el inicio de una práctica compartida.

Han exhibido en galerías y museos regionales y recibieron buena recepción del público y de agentes culturales. Entre sus aspiraciones figuran mostrar su obra en instituciones internacionales de referencia —museos que definen canon y diálogo global—, aunque mantienen una mirada crítica sobre la institucionalización del arte.

En su enumeración de influencias aparecen creadores y colectivos que privilegian el trabajo manual y la representación de lo íntimo: desde artistas nacionales hasta piezas textiles comunitarias como las mantas de Gee’s Bend.

Para ellos, la experiencia en un museo debe ser un ejercicio de tiempo y atención: invitan a acercarse sin prejuicios, a leer las obras y a dejarse guiar por los equipos de educación.

Al narrar su método, admiten que el trabajo en pareja también exige negociación: cuando uno se bloquea y el otro está inspirado, el diálogo y la práctica compartida son las herramientas que destraban procesos creativos y evitan la jerarquía entre aciertos y errores.

Con la delicadeza del hilo y la vocación por lo colectivo, Chiachio y Giannone construyen una obra que, además de estética, plantea preguntas sobre cómo representamos a las familias, qué oficios merecen ser valorados y cómo el arte puede combinar cuidado ambiental con memoria y celebración.

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