Frigoríficos: suprimir al director técnico pone en riesgo la seguridad alimentaria

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La reciente eliminación de la obligatoriedad del Director Técnico en frigoríficos habilitados por Senasa reabre un debate sobre el mantenimiento de los estándares sanitarios y el acceso a mercados internacionales. La medida, tomada en un contexto de cambios normativos acelerados y debilidad institucional del organismo, tiene efectos prácticos inmediatos sobre la gestión interna de la inocuidad alimentaria.

Qué cambia y por qué importa

Hasta ahora, la presencia de un profesional responsable en planta funcionaba como la primera línea de prevención: supervisaba las BPM (Buenas Prácticas de Manufactura), verificaba los POES (Procedimientos Operativos Estandarizados de Saneamiento), coordinaba sistemas HACCP y velaba por el bienestar animal. Quitar la obligatoriedad no modifica las funciones del control oficial de Senasa, pero sí puede debilitar la estructura técnica interna que actúa día a día sobre los procesos productivos.

La discusión no es meramente administrativa: se trata de quién asume la responsabilidad cotidiana de evitar desviaciones que puedan poner en riesgo la salud pública o la reputación de la cadena exportadora.

Riesgos e impactos previsibles

  • Menor supervisión interna de las operaciones rutinarias y de higiene.
  • Aplicación desigual de normas entre plantas, según capacidad y prioridades económicas.
  • Reducción en la formación continua del personal y en la trazabilidad operativa.
  • Respuesta más lenta ante incidentes que comprometan la seguridad alimentaria.
  • Pérdida de confianza de mercados exigentes que valoran responsabilidad técnica en el origen.

Estas consecuencias adquieren mayor relevancia en el corto plazo porque la eliminación llega mientras el organismo atraviesa una etapa de reducción de plantel: especialistas que antes fiscalizaban la industria se han retirado o trabajan en condiciones más precarias. En varios distritos, una sola persona supervisa múltiples plantas; además, existen contrataciones recientes bajo modalidades que no garantizan continuidad ni calidad técnica.

Frente a esa realidad, representantes de la industria y expertos regulatorios sugieren que, en lugar de suprimir la figura, podría haberse optado por aclarar o armonizar la normativa para evitar solapamientos —por ejemplo, entre la exigencia del Director Técnico y disposiciones del digesto relacionadas con el HACCP. Una ordenación normativa puntual habría preservado la obligación de contar con responsabilidad técnica sin duplicar funciones.

Lo que está en juego para consumidores y mercados

La inocuidad no es solo un requisito documental: es un sistema preventivo que depende tanto de una autoridad pública eficaz como de operadores privados con estructuras técnicas sólidas. Si la garantía técnica dentro de las plantas se debilita, los consumidores pueden enfrentar mayores riesgos y los compradores internacionales podrían endurecer requisitos o reducir compras.

En términos prácticos, esto puede traducirse en controles comerciales adicionales, demoras en autorizaciones de exportación y, en casos extremos, pérdida de acceso a determinados mercados.

Posibles pasos a considerar

  • Realizar un análisis técnico público-privado que evalúe riesgos antes de cambiar exigencias de responsabilidad profesional.
  • Clarificar normativas que hoy se perciben como superpuestas para evitar vacíos legales.
  • Fortalecer la planta de recursos humanos de Senasa y mejorar condiciones de contratación para retener expertise.
  • Promover mecanismos de cumplimiento interno que mantengan la figura de referencia técnica aunque cambie su formato administrativo.

La industria frigorífica argentina construyó durante décadas un perfil sanitario que le permitió acceder a mercados con estándares exigentes. Mantener esa posición exige decisiones regulatorias basadas en evidencia y coordinación entre autoridades y actores privados, no atajos que reduzcan controles técnicos.

En definitiva, la eliminación de la obligatoriedad del Director Técnico puede parecer una medida de desregulación, pero sus efectos —en inspección diaria, control de procesos y confianza internacional— requieren un debate riguroso y urgente para evitar retrocesos en la inocuidad alimentaria.

El autor es productor agropecuario y fue vicepresidente de Senasa.

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