Baja en retenciones: Frías Silva celebra el debate y alerta sobre impacto en precios

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El anuncio del presidente Javier Milei sobre una reducción escalonada de las retenciones en cultivos clave y algunos segmentos fabriles puso otra vez en el centro del debate la rentabilidad del agro. José Frías Silva, presidente de la Sociedad Rural de Tucumán, explicó en LG Play por qué, desde la perspectiva del norte argentino, las modificaciones pueden dejar efectos limitados y qué factores conviene seguir de cerca.

Lo que comunicó el Gobierno

La administración oficial detalló un cronograma con plazos y porcentajes destinados a dar mayor previsibilidad a las próximas campañas. Las medidas tocan tanto al sector primario como a ramas de la industria y la manufactura, y se aplicarán de forma escalonada en años sucesivos.

  • Trigo y cebada: reducción del 7,5% al 5,5%, con vigencia prevista a partir de junio de 2026.
  • Soja: recortes progresivos de entre 0,25 y 0,5 puntos porcentuales por etapa; inicio del esquema en enero de 2025 y continuidad hasta 2028.
  • Medidas adicionales orientadas a disminuir gravámenes en sectores industriales clave, con plazos y alcances aún en definición.

Reacción desde el NOA

Frías Silva señaló que el impacto varía según la región. En la zona núcleo pampeana, donde el trigo y la cebada son negocios centrales, la baja de retenciones tiene un efecto más directo en la rentabilidad. En Tucumán y otras provincias del NOA esos cultivos suelen funcionar como prácticas de conservación del suelo y, por eso, cualquier beneficio económico adicional puede resultar menos evidente.

No obstante, el dirigente coincidió en que disponer de un calendario público aporta previsibilidad, una variable que los productores valoran a la hora de planificar siembras, insumos y ventas futuras.

Contexto financiero y limitaciones

El sector agrícola del norte llega a este anuncio con un historial reciente complicado: varias campañas de resultados adversos han dejado niveles de endeudamiento que, según Frías Silva, obligan a reordenar capital de trabajo. Además, el acceso al crédito sigue siendo uno de los principales cuellos de botella para las empresas del rubro.

Por eso, aunque las reducciones anunciadas puedan ofrecer alivio, su traducción en liquidez operativa dependerá de cómo se implemente el plan y de la situación financiera particular de cada productor.

Qué conviene vigilar

  • El ritmo de aplicación de las bajas y si el Gobierno mantiene las fechas comunicadas.
  • Si las reducciones se traducen en precios internos más competitivos o terminan diluyéndose en la cadena comercial.
  • El acceso a crédito y la capacidad de los productores para reestructurar pasivos tras campañas adversas.
  • Cómo reaccionan otros actores del mercado, desde exportadores hasta la industria molinera y de procesamiento.

En síntesis, la propuesta presidencial abre una ventana de mejora potencial para el agro, pero sus efectos reales en regiones como el NOA dependerán tanto del diseño final del esquema como del estado financiero de los productores. La comunidad rural seguirá de cerca la implementación y evaluará si las medidas aportan el desahogo prometido o si se requieren ajustes en ritmo y alcance.

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