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En medio de tensiones internas y movimientos que podrían redefinir el mapa de la centroderecha, dirigentes del PRO ultiman conversaciones clave en los próximos días para fijar su relación con el Gobierno de Javier Milei. La decisión no solo marca la estrategia hacia 2027, sino que condiciona la estabilidad política de la Ciudad de Buenos Aires y la supervivencia del propio partido.
La cúpula del PRO, con Mauricio Macri al frente de la discusión y Jorge Macri como interlocutor local, se prepara para decidir si acompaña al presidente desde una posición de negociación o si impone condiciones estrictas para evitar una subordinación que debilite al espacio.
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El partido enfrenta una sangría de figuras hacia el oficialismo nacional que obliga a acelerar definiciones: salidas de referentes y acercamientos personales a la Casa Rosada han dejado al PRO con menos margen de maniobra en el tablero político. Además, las encuestas recientes ubican a Macri con un piso electoral que, para su entorno, podría ser decisivo en una eventual pelea por la reelección en primera vuelta.
En este contexto, la reunión que se viene busca una respuesta estratégica a dos desafíos concretos: evitar la desintegración interna y preservar el gobierno porteño como bastión político.
Dos corrientes, una negociación
Dentro del espacio hay corrientes contrapuestas sobre cómo avanzar:
- Un sector, integrado por Jorge Macri, Cristian Ritondo y gobernadores del PRO, aboga por sellar cuanto antes un acuerdo con los libertarios para capitalizar la suma electoral que permitió revertir una caída en votación en contiendas anteriores.
- Otro grupo, liderado por Mauricio Macri y su aliado Fernando De Andreis, insiste en negociar desde una posición fuerte: consideran imprescindible preservar identidad y recursos del partido antes que cualquier alianza que pueda vaciar su estructura en la Capital.
Para complicarlo, hay voces influyentes fuera del núcleo porteño —como Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich y Diego Santilli— cuya salida o distanciamiento ha alterado el equilibrio interno y obliga a redefinir liderazgos.
Movimientos tácticos
En las últimas semanas el PRO intensificó maniobras para recomponer su tablero: la incorporación de Cristian Ritondo a la mesa política de la Ciudad persigue articular vínculos entre la capital, la provincia de Buenos Aires y el Congreso, un intento por frenar la pérdida de cuadros hacia la órbita oficialista.
En paralelo, Macri cuenta con un capital político —reflejado en sondeos— que su entorno valora como palanca para condicionar cualquier acuerdo. Lo esencial para sus aliados es que esa influencia se traduzca en capacidad de negociación, no en un alineamiento automático.
Escenarios y riesgos
Las decisiones que adopte el PRO tendrán efectos prácticos inmediatos: desde la operación política en CABA hasta las posibilidades de fragmentación electoral antes de 2027. Entre los posibles resultados que analizan en los despachos están:
- Un acuerdo rápido y público con Milei que refuerce la coalición oficialista, pero que podría acelerar la pérdida de figuras propias.
- Una alianza condicionada a términos concretos (cargos, candidaturas y agenda legislativa) que preserve el peso del PRO.
- Un distanciamiento táctico que mantenga autonomía partidaria pero exponga al PRO a menores chances de influencia nacional.
Cada opción implica un balance entre influencia inmediata y supervivencia institucional: ceder demasiado puede erosionar la marca partidaria; resistir firmemente puede reducir la capacidad de incidencia en políticas de gobierno.
En los próximos días, la mesa del PRO deberá definir no solo una estrategia electoral, sino el tipo de papel que quiere jugar en la Argentina de los próximos años. Lo que ocurra en esa reunión tendrá consecuencias directas para la gobernabilidad en la Ciudad y para la geometría política que se consolide rumbo a 2027.










