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Argentina afronta un momento decisivo en su economía: la estabilización macroeconómica reciente no garantiza automáticamente recuperación del empleo ni de la producción. Diego Coatz —economista formado en la UBA, exdirector ejecutivo de la UIA y hoy al frente del think tank I+D— advierte que, sin medidas microeconómicas concretas, la fragmentación productiva podría convertirse en una fractura difícil de revertir.
Coatz, además autor y académico con experiencia docente en la UBA y UCES, pone el foco en cómo proteger y potenciar a la industria y la construcción para evitar que la informalidad absorba el tejido productivo formal.
¿Qué se logró y qué falta?
En su diagnóstico reconoce avances en la macroeconomía: una inflación que pasó de niveles extremos a alrededor del 30% y señales de orden fiscal y externo más sólidas. Pero subraya que esos logros son insuficientes si no van acompañados de políticas que permitan crecer con previsibilidad.
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Para Coatz el desafío central es acumular ahorro en pesos y darle al Banco Central la independencia y capacidad operativa para amortiguar ciclos. Sin esa transición hacia mayor reserva y certidumbre, la política monetaria seguirá siendo frágil y la planificación empresarial limitada.
Riesgo real para el empleo formal
El economista alerta sobre un proceso ya en marcha: la economía productiva se fragmenta y los empleos de mayor salario y productividad se reducen. En cifras, en los últimos dos años se perdieron alrededor de 240.000 puestos formales —aproximadamente 75.000 en industria y 80.000 en construcción— y estima que podrían perderse entre 200.000 y 220.000 más en los próximos 24 meses si no cambia la dinámica.
Gran parte de esos trabajadores terminan migrando a actividades menos productivas —trabajo doméstico, comercio informal, plataformas de delivery— con menores ingresos y sin garantías laborales, lo que alimenta un círculo económico negativo difícil de revertir.
Es importante distinguir el papel de los sectores exportadores de recursos: petróleo, minería y agro generan divisas, pero representan una porción reducida del empleo formal. Según Coatz, esos sectores explican cerca del 6,5% del empleo formal y, aun con una gestión excelente, difícilmente superen el 8%. En cambio, la industria, la construcción y el comercio explican casi el 45% del empleo formal, por lo que cualquier política que pretenda integrar laboralmente a la población debe considerar ese peso.
Competitividad en un mundo con sobrecapacidad
El contexto internacional complica el panorama: la sobrecapacidad industrial global y las políticas proteccionistas obligan a pensar medidas defensivas y de largo plazo. Coatz señala que los productos que no encuentran mercado en Estados Unidos o Europa terminan buscando colocación en economías como la argentina a precios de dumping.
En la próxima reunión del G20, dice, este tema estará en la agenda global; mientras tanto, Argentina necesita herramientas para enfrentar esa competencia: reglas comerciales claras, controles anti-dumping y un tipo de cambio previsible que permita planificar costos y precios.
- Tributario: Simplificar y orientar incentivos (por ejemplo, alivios fiscales para inversión) para recompensar a quienes formalizan y apuestan por la productividad.
- Financiamiento: Profundizar el mercado de capitales y ofrecer líneas de capital de trabajo para que las empresas puedan invertir y crecer.
- Litigiosidad laboral: Reducir la incertidumbre por juicios y costos asociados que desalientan la inversión productiva.
- Infraestructura y logística: Mejorar la conectividad ferroviaria y vial para bajar costos y aumentar la competitividad de las economías regionales.
- I+D e innovación: Elevar la inversión en investigación y desarrollo —hoy por debajo del 0,5% del PBI— hacia niveles comparables a la región.
Estos cinco ejes, explica Coatz, actúan “puerta afuera” de la fábrica: afectan la capacidad de empresas locales para competir contra productores que reciben subsidios o cuentan con costos de capital muy inferiores.
Qué puede hacer el Estado y qué corresponde al sector privado
Coatz defiende un papel activo del Estado en educación, investigación y en proveer garantías para proyectos de infraestructura, pero insiste en que la agenda de innovación debe consolidarse en el sector privado. Sin que las empresas internalicen la apuesta por la calidad y la formación, las políticas públicas no alcanzarán su pleno efecto.
Además, resalta medidas concretas para mejorar la formalización y aliviar la presión sobre las empresas: devoluciones de impuestos más ágiles, esquemas de amortización acelerada y dispositivos que permitan que quienes cumplen tributariamente sean beneficiados de manera tangible.
Consecuencias para los argentinos
Si no se revierten las tendencias, los consumidores verán menor oferta de empleos estables y el país perderá capacidad para generar valor agregado. Al mismo tiempo, la prioridad fiscal del gobierno exige equilibrio: el crecimiento es la vía más efectiva para ampliar la base impositiva sin aumentar la carga sobre la producción.
Coatz advierte que la ventana para corregir la trayectoria existe ahora: la estabilización macro abre la oportunidad de diseñar medidas microeconómicas que detengan la pérdida de empleo formal y reorienten la inversión hacia la productividad. De lo contrario, lo que hoy es fragmentación podría tornarse en una fractura estructural.
En resumen: el país necesita políticas que combinen previsibilidad macro, defensa ordenada frente a la competencia internacional y reformas que incentiven la inversión, la formalización y la innovación en el tejido productivo.












