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El anuncio de una expansión del 4,4% para 2025 genera alivio político, pero oculta contrastes que exigen un debate público inmediato: ¿cómo lograr un crecimiento inclusivo sin desordenar las cuentas y sin castigar la competitividad? Las decisiones sobre tipo de cambio, políticas sociales y apoyo a sectores en reconversión marcarán si ese crecimiento se traduce en mejor empleo y salarios o en brechas ampliadas.
El Gobierno tiene razones urgentes para liderar esta discusión: sin una recuperación sostenida la recaudación fiscal seguirá bajo presión y se reduce el margen para sostener programas públicos; además, perspectivas económicas negativas elevan el riesgo de conflictividad social y erosionan apoyos políticos.
Lo que no se ve detrás del número
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El 4,4% es una cifra agregada que combina realidades distintas. Parte del aumento puede explicarse por medidas fiscales temporales o por actividades que requieren poca mano de obra, por lo que no siempre equivale a mejoras en el bienestar laboral.
Según registros oficiales recientes, el salario real registrado del sector privado se mantiene cercano a los niveles de fines de 2023, pero si se calcula con la canasta de consumo previa —la utilizada en 2017-18— la pérdida salarial se amplía por encima de los siete puntos. Ese ajuste estadístico explica fenómenos observables en el mercado de trabajo: más personas con varios empleos, jornadas más largas y un aumento relativo de la informalidad, mientras la productividad laboral no termina de recuperarse.
Ganadores y perdedores
Las pérdidas de ingreso no afectan por igual a todas las ramas. Sectores exportadores o ligados a commodities han mostrado mejoras relativas, mientras que ramas intensivas en empleo y con menores salarios han sido las más golpeadas.
| Sector | Tendencia salarial real | Impacto sobre empleo |
|---|---|---|
| Construcción, manufactura y pesca | Descenso notable | Mayor precariedad y pérdida de remuneración |
| Gas y petróleo, minería, bancos | Mejoras o estabilidad relativa | Menor presión sobre el empleo formal |
| Comercio minorista y servicios para el mercado interno | Mixto: presiones por costos y demanda | Vulnerables a cambios en tipo de cambio y consumo |
En la base de la pirámide, la morosidad en créditos personales y en billeteras digitales es mucho más alta, lo que refleja la fragilidad de los hogares de menores ingresos ante choques pequeños.
Tipo de cambio: el eje que condiciona todo
La cuestión cambiaria vuelve a estar en el centro. La experiencia local muestra que una devaluación no soluciona problemas estructurales de productividad, y que usar el tipo de cambio como instrumento antiinflacionario suele ser contraproducente a mediano plazo.
Si la inflación sigue avanzando a ritmos mensuales elevados, apretar el valor nominal del peso puede dañar sectores exportadores y también a actividades orientadas al mercado interno, como la construcción de viviendas. Además, una apreciación no planificada fomenta el turismo al exterior y la demanda de divisas para atesoramiento.
La reciente implementación de un régimen de bandas todavía no ha generado la previsibilidad necesaria para impulsar inversiones. Para que las empresas proyecten rentabilidades y decidan invertir, hacen falta señales creíbles sobre el comportamiento futuro del tipo de cambio y el financiamiento.
Qué está en juego para la gente
- Empleo y salarios: la forma en que se distribuya el crecimiento definirá si mejora el poder de compra o se consolida la precariedad.
- Crédito y consumo: tasas altas y riesgo país elevado limitan el acceso al crédito privado y contienen el consumo.
- Servicios y precios: ajustes en tarifas y subsidios afectarán el presupuesto de los hogares y la competitividad de empresas.
Palancas de política con impacto inmediato
No hay recetas simples, pero hay instrumentos que, bien combinados, pueden aumentar la probabilidad de que el crecimiento sea sostenido y distribuido. Entre ellos destacan:
- Dar mayor consistencia al equilibrio cambiario para reducir incertidumbre y alent ar la entrada de divisas.
- Priorizar apoyos focalizados a puestos y cadenas productivas que permitan reconvertir empleo sin destruir capacidades.
- Promover programas que faciliten la formalización laboral y la capacitación, para elevar productividad.
- Diseñar medidas fiscales que no desvíen crecimiento nominal con decisiones transitorias que distorsionen la medición real del empleo.
- Coordinar la política monetaria con objetivos de largo plazo: bajar inflación sin estrangular el crédito productivo.
Estas estrategias requieren consenso y tiempo: una transición ordenada siempre cuesta menos que el ajuste brusco. Si el sector público define con claridad los parámetros de reconversión y ofrece garantías mínimas —reentrenamiento, redes de contención, líneas de crédito— la reestructuración será menos traumática y tendrá más posibilidades de perdurar.
Por último, hay un riesgo externo que no puede soslayarse: la escalada de conflictos internacionales podría alterar precios y flujos comerciales, intensificando la necesidad de respuestas internas coordinadas. En ese escenario, la discusión sobre cómo crecer de forma sostenida y equitativa deja de ser abstracta y se convierte en una prioridad práctica para las familias y las empresas del país.












