Maíz y El Niño: cambios urgentes para proteger la siembra tardía

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Con la probabilidad de un nuevo episodio de El Niño, los productores vuelven a preguntarse si este año habrá más lluvias y cómo eso influirá en la campaña de maíz. La respuesta no es tajante: conocer cuándo y dónde pueden caer los excedentes hídricos es clave para tomar decisiones sobre fechas de siembra, nutrición y selección de híbridos.

El rendimiento del maíz se define en un lapso corto y decisivo: el llamado período crítico, que abarca aproximadamente un mes alrededor de la floración. Por eso, no es tanto la lluvia total de la campaña lo que determina el resultado, sino la disponibilidad de agua durante esas semanas precisas.

En términos de calendario, el maíz temprano —sembrado en septiembre y octubre— suele florecer en diciembre, aprovechando jornadas largas y alta radiación; tiene mayor potencial, pero también queda expuesto a variaciones y déficits que suelen agravarse en enero. En cambio, el maíz tardío —plantado desde fines de noviembre y a veces en enero en zonas del NOA y NEA— llega a floración entre febrero y marzo, cuando la demanda atmosférica es menor y el riesgo de estrés hídrico baja. Modelos de la UBA y del INTA para Pergamino, con perfil de agua favorable al inicio, muestran que el tardío supera con más frecuencia umbrales altos de rendimiento que el temprano.

Qué muestran las series históricas

Un análisis de cinco décadas de datos meteorológicos realizado por el grupo de Ecofisiología e Intensificación, que incluyó registros del Servicio Meteorológico Nacional en la región pampeana, NEA y NOA, señala que las diferencias entre años Niño y Niña se concentran sobre todo en noviembre y diciembre. En algunos departamentos, como Paraná o Marcos Juárez, marzo también marca ciertas divergencias; en otros —por ejemplo, Las Lomitas en Formosa— no se detectan patrones mensuales claros.

Gráficos meteorológicos históricos y mapas de lluvia para la región pampeana
Análisis de cinco décadas de datos meteorológicos muestra variaciones mensuales asociadas a El Niño.

Es importante subrayar que El Niño aumenta la probabilidad de episodios húmedos, pero no los garantiza: existen años Niño secos y años Niña húmedos. Esa incertidumbre condiciona la planificación y obliga a evaluar riesgos por región y tipo de lote.

Ventajas y riesgos según la ventana de siembra

El maíz temprano suele beneficiarse más del impulso que trae El Niño porque su período crítico coincide con los meses donde la señal de lluvias es más intensa. Sin embargo, los mayores registros de precipitación en noviembre y diciembre también pueden complicar la implantación del tardío: siembra postergada, nacimientos desparejos, mayor presión de malezas, condiciones favorables para enfermedades foliares y cambios en la dinámica de plagas.

Maíz tardío en suelo húmedo con plantas de diferentes alturas
Riesgos y ventajas del maíz temprano y tardío según la ventana de siembra.

En áreas bajas o con napas altas, los excesos hídricos pueden traducirse en pérdidas de superficie sembrable. A la vez, estudios que abarcaron 122 departamentos maiceros (cerca del 60% del área nacional) indican que, entre 1984 y 2023, episodios Niño tendieron a elevar rendimientos en la mayor parte de la región, con aumentos puntuales de hasta 22% en el centro y noreste. Nuestros modelos sugieren que, integrando maíces de todas las fechas, la campaña podría sumar entre 6 y 8 millones de toneladas sobre el promedio histórico —aunque el efecto final dependerá de la proporción de lotes tempranos frente a tardíos.

Claves prácticas para planificar el maíz tardío

  • Fechas de siembra: respetar la ventana óptima. Los análisis probabilísticos de la UBA advierten que retrasos más allá de la primera quincena de diciembre aumentan la posibilidad de heladas tempranas durante el llenado, sobre todo en el sur y el oeste.
  • Nutrición: en años húmedos, barbechos largos pueden mantener más nitrógeno disponible, lo que reduce la respuesta a aplicaciones altas. Evaluar la reserva del lote y considerar dosis conservadoras cuando corresponda.
  • Fraccionar la fertilización: aplicar N en etapas puede limitar pérdidas por lavado y desnitrificación en los estadios iniciales; elegir la fuente adecuada según riesgo de pérdidas.
  • Densidad y híbrido: ajustar la población de plantas a la capacidad del híbrido y al historial del lote; no todas las genéticas responden igual a mayor densidad bajo condiciones cambiantes.
  • Manejo de implantación: priorizar una buena cama de siembra, monitorear emergencias y controlar malezas tempranas para evitar poblaciones escalonadas que elevan la presión de plagas y enfermedades.
  • Riesgo por tipo de lote: en campos bajos, planificar drenajes provisionales o tener alternativas ante anegamientos; en suelos con alta pérdida potencial de N, ajustar manejo para reducir desperdicios económicos y ambientales.

En síntesis: la posible llegada de El Niño crea oportunidades, sobre todo para los maíces tempranos en algunas áreas, pero no cambia las reglas básicas de manejo del tardío. La mejor estrategia sigue siendo una combinación de decisiones basadas en la fecha de siembra, la nutrición correcta y la elección del híbrido, acompañadas de monitoreo fino durante la implantación y la floración.

Docente en la UNER e investigador principal del CONICET

Por Octavio Caviglia

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