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Un equipo argentino publica en una revista científica británica un hallazgo que podría cambiar la forma de abordar un dolor crónico que afecta a millones: suplementos de aceite de pescado enriquecido en omega‑3 redujeron señales clave de dolor neuropático en un modelo animal. Si estos efectos se confirman en humanos, la propuesta abriría una vía para tratamientos menos tóxicos y con menor dependencia de opioides.
El trabajo fue liderado por Carlos Laino, bioquímico y director del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional de La Rioja, y apareció en el Journal of Pharmacy and Pharmacology de la Royal Pharmaceutical Society.
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El foco del estudio es el llamado dolor neuropático periférico, una dolencia con carácter patológico que se produce cuando las fibras nerviosas fuera del cerebro y la médula espinal transmiten señales anormales. Entre el 7% y el 10% de la población mundial lo experimenta en algún grado, según los datos citados por los investigadores.
- Puede originarse por enfermedades metabólicas, como la diabetes, o infecciones virales como el herpes zóster.
- También aparece tras traumatismos —accidentes, cirugías o amputaciones— o como consecuencia de tratamientos como la quimioterapia.
- Enfermedades autoinmunes y neurológicas (artritis reumatoide, lupus, esclerosis múltiple) y afecciones como el VIH pueden provocarlo.
A nivel clínico, Laino describe tres rasgos típicos de este dolor: alodinia mecánica (molestia por estímulos que normalmente no duelen, como el roce de la ropa), hiperalgesia térmica (respuesta exagerada a frío o calor) y el daño directo del nervio que genera señales anómalas.
Qué mostró el estudio en animales
En un modelo preclínico centrado en lesión del nervio ciático, el equipo administró aceite de pescado enriquecido con ácidos grasos omega‑3 y observó mejoras sostenidas en varios parámetros de dolor y recuperación motora.
- La sensibilidad al tacto (alodinia mecánica) se redujo por completo en el experimento.
- La hiperalgesia térmica descendió alrededor de un 25%.
- La función motora mostró una recuperación cercana al 20%.
Los resultados, publicados recientemente, sugieren un efecto analgésico asociado a compuestos presentes en la grasa de peces como salmón, sardina y anchoa. No obstante, los autores insisten en la importancia de la prudencia: los datos provienen de animales y deben validarse en ensayos en seres humanos antes de extraer conclusiones clínicas.
Por qué tiene impacto hoy
La investigación llega en un momento en que las opciones farmacológicas actuales muestran limitaciones: menos del 50% de los pacientes logra alivio satisfactorio y hasta el 80% reporta efectos adversos significativos (somnolencia, mareos, náuseas). Una alternativa con buen perfil de seguridad podría reducir la carga clínica y el uso de medicamentos con efectos secundarios importantes.
Además, el grupo de Laino ya trabaja en una aplicación complementaria: una formulación que combina omega‑3 con morfina, orientada a disminuir la dosis de opioide necesaria tras cirugía. Según el equipo, esa estrategia podría atenuar efectos adversos de la morfina sin potenciar su potencial adictivo.
Próximos pasos y obstáculos
El equipo prepara un ensayo clínico de fase 2, doble ciego, con 40 pacientes sometidos a cirugía de vesícula para evaluar la combinación con morfina; el reclutamiento y la intervención estaban proyectados para iniciarse a fines de junio. Para avanzar en la investigación sobre dolor crónico, los investigadores buscan socios privados que complementen subsidios públicos y permitan ampliar los ensayos.
Según Laino, la colaboración con la industria es imprescindible pero no siempre fácil de lograr: algunas empresas descartan propuestas que no encajan con sus líneas, mientras otras muestran mayor disposición tras la pandemia a explorar enfoques novedosos.
Lo esencial
- Potencial: los omega‑3 podrían ofrecer un efecto analgésico en dolor neuropático periférico, según datos preclínicos.
- Limitación: por ahora, los resultados proceden de modelos animales; hacen falta ensayos clínicos robustos.
- Implicación práctica: si se confirma en humanos, la estrategia podría reducir la necesidad de opioides y sus efectos adversos.
Mientras la comunidad científica evalúa estos hallazgos, los especialistas recomiendan mantener expectativas razonables: el camino desde un estudio preclínico hasta una terapéutica aprobada suele requerir años de ensayos y validación. No obstante, la propuesta aporta una línea de investigación prometedora en un campo donde las soluciones actuales son insuficientes.












