Riesgo máximo: decisión hoy puede cambiar la vida de millones

El rumbo que tome la política monetaria y cambiaria marcará si el Gobierno llega a 2026 con holgura financiera o con las manos atadas; más importante aún, definirá dos posibles caminos para 2027 que hoy condicionan el acceso al crédito, la estabilidad cambiaria y el poder adquisitivo. Estas decisiones tienen efectos concretos y rápidos sobre tasas, ahorro y la posibilidad de dejar de pensar en dólares como refugio.

Construir una moneda confiable no es una fórmula mágica: exige condiciones sostenidas en el tiempo. En términos prácticos, hace falta remunerar el ahorro por encima de la inflación, garantizar el respeto de los contratos y sostener ambas prácticas lo suficiente para que los agentes económicos vuelvan a ahorrar y prestar en pesos.

En la Argentina actual, esos requisitos siguen lejos. Las tasas reales que se ofrecen a los ahorristas son negativas frente a la inflación, mientras que el crédito al consumo mantiene costos elevados. Ese desajuste obliga a buena parte de la economía a buscar cobertura en moneda extranjera y limita la recomposición del sistema financiero.

Datos clave para entender la situación actual:

  • Tasas y ahorro: los plazos fijos mayoristas rinden alrededor del 22,5% y los minoristas entre 17% y 19%, con una inflación anual equivalente que en abril cayó al 32% desde niveles más altos.
  • Inflación en dólares: los precios medidos en moneda extranjera acumulan cerca de 20% desde la elección de octubre.
  • Reservas: el Banco Central ha recomprado reservas netas por unos US$5.000 millones desde enero y falta casi US$3.000 millones para alcanzar la meta pactada con el FMI.
  • Formación de activos externos: las compras de activos fuera del país se mantuvieron elevadas: aproximadamente US$9.500 millones desde el momento electoral, con datos a marzo.
  • Balanza y deuda: las proyecciones de saldo comercial se duplicaron para 2026 (de ~US$11.000 millones a ~US$21.000 millones) y hay colocaciones en dólares del sector privado y provincias que ayudan a recomponer liquidez.
  • Crédito doméstico: el crédito medido en puntos del PBI pasó de cerca de 5% en abril de 2024 a 12% en abril de 2025, experimento que se frenó bruscamente a mediados del año pasado.

Estos elementos explican por qué, pese a señales positivas —compra de dólares del BCRA y un programa de colocaciones en moneda extranjera— persiste un alto nivel de incertidumbre. El mercado sigue demandando cobertura externa y el ancla real de la economía continúa siendo el tipo de cambio, aunque la cotización oficial opere dentro de una banda algo más elevada.

El horizonte electoral añade otra capa de complejidad. Las decisiones sobre la normativa electoral y la estructura de la oposición determinarán la confianza a mediano plazo y, por ende, la capacidad del país para refinanciar vencimientos en plazos más largos.

Para 2027 se abren, de forma condensada, dos trayectorias opuestas:

Escenario de cohesión. Si la política y la macroeconomía consiguen encarrilarse —con señales creíbles hacia la normalización, acceso a financiamiento externo y mejora en la lectura sobre inflación— el riesgo país podría comprimirse (hacia niveles alrededor de 400 puntos básicos). En ese caso, las colocaciones en dólares se sostendrían, las reservas seguirían mejorando y la volatilidad cambiaria sería contenida. El crecimiento sería moderado y la recuperación del crédito, gradual; el empleo podría estabilizarse con variaciones ligeras.

Escenario de fragmentación. Si, por el contrario, no surge un ancla política ni un respaldo internacional claro y la elección deja un resultado polarizado, el mercado volvería a optar por la protección externa. El riesgo país podría dispararse por encima de 1.000 puntos, la presión sobre el dólar y la brecha cambiaria se intensificaría, y el Banco Central podría verse obligado a liquidar reservas para administrar tipos y coberturas. El resultado sería recesión y un repunte inflacionario.

En el corto plazo —es decir, hasta fines de 2026— lo más plausible es que el manejo monetario y cambiario permita transitar con cierto margen: combinar ventas de cobertura postelectoral, control del tipo de cambio y ajuste de tasas. Pero la sostenibilidad de esa estrategia depende de no volver a apostar por atajos que sustituyan reformas duraderas.

En otras palabras: la Argentina sigue intentando bajar la inflación y expandir el crédito con medidas temporales y expectativa de respaldo externo. Ese enfoque funciona mientras haya confianza y financiamiento; cuando falta, las consecuencias se sienten rápido en precios, tipo de cambio y empleo.

Los autores son directora ejecutiva y director asociado de EcoGo, respectivamente.

Da tu opinión

Sé el primero en valorar esta entrada
o deja una reseña detallada



Diario San Francisco es un medio independiente. Apóyanos añadiéndonos a tus favoritos de Google News:

Publicar un comentario

Publicar un comentario