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Una genética de maíz diseñada para climas extremos, usada en Europa y Rusia, ya se prueba en la Patagonia argentina y promete convertir zonas donde antes no se cosechaba en lotes productivos. Si los resultados se consolidan, la novedad podría cambiar la oferta de alimentación para la ganadería y abrir posibilidades de rotación más intensiva en el sur del país.
De latitudes altas a los campos patagónicos
La tecnología proviene de trabajos desarrollados durante años por la semillera francesa Laboulet Semences, que orientó su programa hacia maíces aptos para ventanas de cultivo muy cortas y temperaturas bajas. Estos materiales no son transgénicos: se trataría de selecciones tipo flint, con granos de mayor dureza y mejor respuesta al frío.
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Una característica técnica clave es la capacidad de germinar y desarrollarse con temperaturas mínimas más bajas que las de los híbridos comunes: su temperatura base está alrededor de 6 °C, lo que permite acelerar etapas en climas fríos y acortar el ciclo total.
Ensayos recientes: alcance y resultados
La empresa Lilab SA implementó la última campaña una batería de pruebas para comprobar si esta genética cumple en condiciones reales del sur argentino. Según su fundador, Max Literas, se realizaron 19 ensayos que abarcaron desde el norte de Neuquén hasta Tierra del Fuego, en aproximadamente 40 hectáreas.
En los lotes ya cosechados, los híbridos más precoces alcanzaron rindes que oscilaron entre 8.000 y 10.000 kg/ha. Parte de los éxitos se atribuyen al manejo hídrico: se combinaron sistemas de riego por goteo y por manto, y el cultivo requirió en torno a 700 mm de agua acumulada durante su ciclo.
| Variable | Valor/Descripción |
|---|---|
| Ensayos | 19 puntos desde Neuquén hasta Tierra del Fuego (≈40 ha) |
| Rendimientos | 8.000–10.000 kg/ha en materiales ultraprecoces |
| Requerimiento hídrico | ≈700 mm durante el ciclo; riego por goteo y manto |
| Manejo nutricional | Fertilización moderada: 180–200 kg de urea |
| Materiales registrados | 4 (2 híbridos ultraprecoces y 2 precoces); comercialización prevista la próxima campaña |
Qué conviene saber: conclusiones prácticas
- Ventana de siembra: implantaciones entre mediados de septiembre y mediados de octubre optimizan la posibilidad de cosecha.
- Momento de cosecha: la recolección entre febrero y marzo libera lotes para otras labores, y en algunas zonas podría permitir un segundo cultivo anual.
- Manejo: baja presión de plagas en los ensayos, controles habituales de malezas y dosis de urea moderadas.
- Semillas: en la primera etapa se importarán desde Francia; la firma evalúa producir localmente más adelante.
El valor relativo de los rindes debe leerse en contexto: en regiones agrícolas tradicionales cifras similares podrían considerarse promedio, pero en la Patagonia implican convertir un cultivo que a menudo no llega a cosecha en una alternativa viable para grano o silaje.
Implicaciones y limitaciones
Si la adopción se amplía, la disponibilidad de maíz local podría mejorar la oferta forrajera para la ganadería, reducir costes logísticos y permitir sistemas más intensivos en zonas que hoy dependen de compras externas de insumos alimenticios.
No obstante, hay factores que condicionan la expansión: la necesidad de riego o lluvia suficiente, la escala de producción de semilla local, la logística y la confirmación de consistencia productiva año a año. Además, la inscripción de materiales y su comercialización demandan tiempo y validación regulatoria.
Por ahora, las pruebas lideradas por Lilab SA constituyen un paso relevante: muestran que una genética pensada para latitudes extremas puede adaptarse a la realidad patagónica y cambiar la manera en que se planifican los sistemas productivos en el sur argentino.











