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Una experiencia piloto en la costa de Santa Cruz ya logró la primera cosecha de una macroalga nativa y plantea una alternativa productiva que combina conservación y valor agronómico. En plena prueba en Puerto San Julián, los impulsores buscan escalar la producción para convertir a la Macrocystis pyrifera en insumo para la agricultura y en fuente de ingresos locales, justo cuando la volatilidad de los precios de fertilizantes obliga a buscar sustitutos.
La iniciativa, liderada por la Fundación Por el Mar, instaló en la bahía la primera granja marina del país dedicada al cultivo controlado de cachiyuyo. El proyecto ya pasó la etapa experimental: este verano se registró la primera cosecha y ahora trabajan para aumentar la escala hasta una unidad mínima rentable.
Cómo se cultiva y por qué funcionó
El proceso arranca en el verano con la recolección de esporas en el mar; en laboratorio esas esporas se reproducen y se hacen crecer en piletones sobre carretes con un hilo especial. Cuando las plantas alcanzan unos pocos milímetros, se trasladan al mar y se colocan en líneas de cultivo —los llamados longlines— suspendidas a alrededor de 9 metros de profundidad.
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Las condiciones del Mar Argentino son exigentes por la amplitud de marea y la competencia biológica, pero la experiencia en Puerto San Julián demostró que las algas pueden prosperar: en seis a ocho meses superan los tres metros de longitud y concentran un crecimiento muy rápido.
Resultados iniciales y metas de escalado
En la primera temporada de prueba la densidad de cosecha llegó a aproximadamente 10 kg de alga por metro de línea, un rendimiento cercano al techo documentado en bibliografía especializada. Con esa base, los responsables pretenden pasar de una línea de 200 metros a una hectárea de cultivo como etapa mínima viable para negocios locales.
| Dato | Valor |
|---|---|
| Especie | Macrocystis pyrifera (cachiyuyo) |
| Localidad | Bahía de Puerto San Julián, Santa Cruz |
| Primera cosecha | Verano (temporada piloto) |
| Rendimiento inicial | ~10 kg por metro cultivado |
| Objetivo de escala | Unidad mínima rentable: 1 hectárea |
| Usos previstos | Bioestimulantes agrícolas y suplemento ovino |
¿Qué aportan estas algas al agro y al ambiente?
La Macrocystis es valorada por su potencial como bioestimulante, productos que pueden mejorar la absorción de nutrientes, aumentar la resistencia de los cultivos al estrés hídrico y ayudar a incrementar rendimientos. Además, al cultivarse en el mar evita la extracción directa de los bosques submarinos y propone una vía para conservar esos ecosistemas.
- Alternativa a insumos químicos: potencial para reducir dependencia de fertilizantes importados.
- Suplemento animal: se investiga la conversión en pellets para ganado ovino.
- Conservación: cultivo controlado como herramienta para proteger bosques de algas existentes.
Colaboración científica y marco legal
El proyecto combina trabajo de campo y laboratorio, con apoyo técnico de la provincia y participación académica. La Fundación Por el Mar ha contado con aportes de la Universidad Tecnológica Nacional para medir variables oceanográficas y espera colaboración del INTA para estudios sobre productos derivados.
En la provincia, la ley 3995 protege desde el año pasado los bosques marinos y prohíbe su extracción, lo que plantea un contexto regulatorio que favorece estrategias de cultivo sostenible frente a la extracción comercial.
Desafíos por delante
Los impulsores subrayan que la replicación comercial exige estandarizar el producto, certificar bioinsumos y adaptar los sistemas a las condiciones oceánicas locales. La marea y la competencia de otros organismos son factores a considerar en el diseño de las próximas líneas de cultivo.
“Comprobamos la viabilidad técnica en condiciones exigentes; ahora toca sistematizar procesos y escalar”, dijo Mariano Bertinat, coordinador regional del proyecto y profesional con trayectoria en gestión ambiental.
Si la iniciativa prospera, podría generarse una actividad económica local vinculada al mar, con empleo en granjas algales y nuevos productos para la cadena agroalimentaria. Para los agricultores, la opción de bioestimulantes de origen local aparece como una respuesta concreta a la inestabilidad en los precios y la disponibilidad de insumos convencionales.
En los próximos meses el equipo volverá a sembrar en la bahía y monitoreará la segunda temporada, con la mirada puesta en alcanzar la hectárea demostrativa y avanzar en la certificación de productos.












