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Durante la promoción en Buenos Aires de la película «El último gigante», producida por Netflix, el actor Oscar Martínez recordó una despedida familiar que marcó su vida: el pedido de su padre, entonces enfermo terminal, de interrumpir los tratamientos. La anécdota reaparece ahora en una entrevista reciente y vuelve a poner en primer plano las decisiones sobre el final de la vida y el rol de los cuidados paliativos.
Martínez narró la conversación en el programa de Matías Martin en Urbana Play, donde explicó que la petición de su padre fue tajante: «Decile a tu hermano que no quiero más». El actor detalló cómo la familia aceptó respetar ese deseo y derivó las intervenciones hacia aliviar el sufrimiento en lugar de prolongar la vida a cualquier costo.
Los últimos días en el hospital
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El relato retrotrae a 2001, cuando Martínez alternaba jornadas de rodaje en Pol‑ka con visitas al hospital. Contó que veía a su padre en condiciones muy distintas según el momento del día: por la mañana, postrado y con una piel amarillenta; por la tarde, más despierto tras transfusiones que le devolvían energía temporalmente.
Describió cómo las múltiples inyecciones y procedimientos marcaban físicamente al enfermo, y cómo, pese a todo, su padre mostró una resistencia notable durante los últimos años de su vida.
La decisión familiar
Según Martínez, el pedido de terminar con las intervenciones fue recibido con serena aceptación. Tras comentarlo con sus hermanos, la familia acordó suspender maniobras de reanimación y priorizar medidas que evitaran el dolor.
- Contexto: la petición ocurrió en el tramo final de una enfermedad terminal.
- Acción: la familia decidió dejar de aplicar tratamientos curativos y centrarse en el confort.
- Objetivo: evitar el sufrimiento físico y respetar la voluntad del paciente.
Martínez relató también la reacción íntima ante la frase de su padre: una mezcla de sorpresa y comprensión, y la urgencia de comunicar la decisión a sus hermanos para actuar de manera coordinada.
Dolor, lucidez y dignidad
En la conversación con Matías Martin el actor subrayó que lo más duro fue asistir, con plena conciencia, al deterioro progresivo: la pérdida de autonomía hasta depender de pañales y ayudas básicas. Para él, el sufrimiento más profundo fue el espiritual o mental, más que el físico.
Además, destacó la importancia de respetar la lucidez y la integridad del enfermo al tomar decisiones sobre su cuidado: su padre mantuvo facultades de juicio claras en los momentos en que expresó su voluntad.
Por qué la historia tiene relevancia hoy
El testimonio de Martínez conecta con debates actuales sobre derechos al final de la vida, calidad de la atención y la necesidad de políticas de cuidados paliativos accesibles. Para muchas familias, la experiencia plantea preguntas prácticas y emocionales sobre cómo acompañar a un ser querido sin prolongar el sufrimiento.
Más allá del caso particular, su relato funciona como recordatorio: hablar con anticipación sobre las preferencias médicas y contar con acuerdos familiares puede facilitar decisiones difíciles cuando llega el momento.
La película que trae de regreso estas memorias sirve, en ese sentido, como contexto para una conversación pública sobre la dignidad, la autonomía y el acompañamiento humano en los últimos días de la vida.











