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Gerardo Romano volvió a hablar con franqueza sobre su salud y su trabajo en una entrevista radial que se emite mientras él protagoniza una temporada teatral en Mar del Plata junto a Ana María Picchio. Su decisión de no ocultar el diagnóstico abrió un debate sobre la visibilidad de las enfermedades en artistas veteranos y la relación entre la escena y la vida personal.
Seguir en escena pese al diagnóstico
Romano contó que, al recibir la noticia sobre su condición, decidió mantener su actividad profesional sin cambiar la rutina. Rememoró que, tras una consulta médica, cumplió con la función que tenía programada esa misma noche: la obligación con la obra y el escenario, afirmó, pesaron más que el impulso de resguardarse.
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Desde esa elección, sostiene que ocultar un diagnóstico es una práctica poco habitual en su entorno profesional: dijo no recordar referentes públicos que hayan tomado ese camino, y defendió su postura de transparencia como una manera de normalizar la situación.
El teatro como alivio y herramienta
Para Romano, el contacto con el público y el trabajo actoral funcionan como un antídoto contra la ansiedad que genera la enfermedad. Según explicó, el proceso de encarnar a un personaje y conectar con la platea desplaza las propias preocupaciones y permite experimentar momentos de calma y claridad.
El actor describió la empatía con la audiencia como un motor decisivo: el intercambio después de cada función —aplausos, saludos, conversaciones— alimenta su impulso para seguir subiendo a escena.
- Visibilidad: Romero apostó por hablar públicamente de su situación para quitar estigmas.
- Rutina profesional: Mantener las funciones le permitió conservar un ritmo vital y emocional.
- Arte y salud mental: La práctica teatral actúa como forma de contener la ansiedad existencial.
- Prevención: Recomendó no atender llamadas de números desconocidos tras relatar una estafa telefónica que afectó a su familia.
La charla también abordó el impacto de una estafa que simuló comunicaciones con su hija: un episodio que le generó un efecto residual en el cuerpo y en la confianza. Por eso advirtió sobre la prudencia con llamadas anónimas y el riesgo de aceptar relatos conmovedores sin verificar su origen.
Reflexiones sobre la edad y el cuidado
En un tono directo y sin estridencias, Romano habló del paso del tiempo y de cómo su relación con el placer y el cuerpo cambió con los años. Mencionó experiencias del pasado y cómo hoy prioriza la naturalidad y el cuidado por encima de forzar situaciones que antes buscaba.
Ese punto de la entrevista reforzó la idea de que la salud física y emocional exige ajustes y resignificaciones a medida que se envejece.
A sus casi ochenta años, el actor se mostró agradecido por el afecto del público y por la posibilidad de seguir en la escena. Su testimonio mezcla anécdotas, decisiones conscientes y una defensa del trabajo teatral como espacio de contención y sentido.











