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En la emisión de este miércoles de Es mi sueño, un joven de 13 años convirtió una interpretación en un momento televisivo cargado de emoción y sentido. La presentación no solo destacó por la calidad vocal, sino por la intención del intérprete de usar la música como herramienta solidaria.
Un debut que atrapó al estudio
Lorenzo, oriundo de Gualeguaychú (Entre Ríos), subió al escenario frente al conductor Guido Kaczka y al jurado para interpretar «Sin principio ni final». Su propuesta arrancó entre nervios y entusiasmo y terminó por capturar la atención de todos los presentes.
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La audiencia respondió con aplausos, pero la escena más intensa ocurrió cuando uno de los jurados, Abel Pintos, se mostró visiblemente conmovido hasta las lágrimas. Tras la actuación, los elogios de los especialistas destacaron la sensibilidad y el control vocal del adolescente.
Comentarios del jurado y un dueto inesperado
Joaquín Levinton, también miembro del jurado, no ocultó su sorpresa y bromeó sobre el nivel alcanzado por Lorenzo, sugiriendo en tono de humor que incluso el autor original tendría motivos para prestar atención a este joven talento.
Instantes después, Abel Pintos pidió acompañar al chico en un fragmento de la canción. El breve dúo fue uno de los momentos más celebrados de la noche y enfatizó la conexión artística entre ambos.
- Programa: Es mi sueño
- Participante: Lorenzo (13 años)
- Canción: «Sin principio ni final»
- Reacción: Aplausos del público y emoción de Abel Pintos
- Mensaje: Proyecto musical con foco solidario
En su breve presentación ante las cámaras, Lorenzo reconoció los nervios pero también la felicidad por estar en el escenario. Esa mezcla de humildad y determinación fue parte de lo que convenció al jurado y al público.
Un propósito que marcó el cierre
Más allá de la técnica, lo que terminó por quebrar a Pintos fue la declaración del joven sobre sus metas: no busca la fama por sí misma, sino usar la música para ayudar a chicos en situación de vulnerabilidad. «Quiero cantar a beneficio y colaborar con quienes lo necesitan», explicó el adolescente, y generó una respuesta emocional colectiva en el estudio.
Ese compromiso convierte el episodio en algo más que una actuación televisiva: pone en primer plano cómo los talentos emergentes pueden orientar su proyecto artístico hacia causas sociales, y cómo los espacios mediáticos amplifican ese mensaje.
La escena dejó una impresión clara: los programas de entretenimiento siguen siendo vitrinas decisivas para nuevos artistas, pero también pueden servir como plataformas para impulsar iniciativas solidarias y sensibilizar audiencias.













