Mariana Brey cuestiona impacto de Ni Una Menos: su opinión desata polémica

El miércoles 3 de junio, marchas de #NiUnaMenos se replicaron en varias ciudades del país tras el femicidio de Agostina Vega, una adolescente de 14 años asesinada en Córdoba. La movilización no solo reclamó justicia, sino que reavivó una discusión pública sobre la eficacia de las protestas y la representatividad del feminismo después de un tenso cruce televisivo entre panelistas.

La convocatoria tuvo lugar en un clima de dolor y protesta: autoridades, referentes sociales y figuras públicas emitieron mensajes pidiendo esclarecer el caso y reforzar medidas de prevención. En las calles se reclamó responsabilidad y respuestas concretas frente a la violencia de género.

En la televisión la polémica cobró otro ritmo. Durante el programa Ángel Responde (emitido por Bondi Live y conducido hoy por Denise Dumas), la panelista Mariana Brey cuestionó que ciertos sectores del movimiento feminista “se presenten como únicos portavoces” de las mujeres, lo que generó una réplica en vivo de Romina Scalora.

Scalora defendió la importancia de las manifestaciones: argumentó que el activismo colectivo logró avances jurídicos, entre ellos la incorporación del concepto de femicidio en el debate público y legislativo. Brey, por su parte, sostuvo que las leyes deben ser más duras y que la acción política institucional es el camino para castigar delitos graves.

La discusión giró en torno a dos preguntas centrales: si las marchas provocan cambios reales y quiénes representan a las mujeres en la esfera pública. Brey afirmó que no necesita participar en una movilización para definirse como feminista y declaró que, por cuestiones laborales, no asistiría; Scalora le reprochó que el movimiento sí ha tenido efectos palpables en políticas y normas.

  • Visibilidad: Las movilizaciones ponen el tema en la agenda mediática y obligan al debate público.
  • Avances legales: Activistas sostienen que la presión social contribuyó a introducir figuras jurídicas y a endurecer penas.
  • Representación: Persiste la discusión sobre quién habla en nombre de las mujeres y qué demandas priorizan.
  • Responsabilidad institucional: La ciudadanía exige medidas concretas de prevención, investigación y protección para víctimas.

La presentadora interrumpió en varias ocasiones para recordar que, aunque a simple vista una marcha no cambie inmediatamente las cifras, sí genera conversación y empuja a la sociedad y a los legisladores a ocuparse del problema. Ese argumento fue el mismo que usaron organizadoras históricas del movimiento para explicar por qué salen a la calle.

Este episodio refleja dos certezas: la pérdida que provocó el crimen de Agostina y la polarización en torno a los métodos para enfrentar la violencia de género. Aunque los interlocutores discrepan sobre tácticas y prioridades, la demanda central —mayor protección y respuestas efectivas— fue la que reunió a miles en las plazas.

El debate continuará en la arena pública y política: la manera en que se traduzcan las protestas en cambios normativos o en políticas públicas determinará si las movilizaciones se valoran solo como expresiones de duelo y reclamo o también como motor de transformaciones estructurales.

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