Emprendimiento exitoso en la Patagonia: mujer que desde niña siguió un amor y triunfa

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Hace tres décadas dejó la ciudad y hoy dirige en la estepa neuquina una cabaña que combina selección genética y prácticas de manejo respetuosas: la apuesta de Celina Cabezas por el Cuarto de Milla y la doma sin violencia representa una transformación en la cría equina que interesa tanto a criadores como a defensores del bienestar animal. Su experiencia reúne formación internacional, adaptación al clima patagónico y un proyecto formativo que busca transferir técnicas menos agresivas a nuevos jinetes.

De la infancia en el campo a una decisión profesional

Criada entre campos de Cañuelas y Pehuajó, Cabezas desarrolló desde niña una relación intensa con los animales; montaba y arreaba antes que muchas otras actividades sociales. Aquella conexión temprana marcó su trayectoria: tras estudiar Agronomía y especializarse en Equine Science y técnicas de doma en Estados Unidos y Reino Unido, volvió a la Argentina con la convicción de cambiar la manera de criar y domar caballos.

En la Patagonia encontró el escenario ideal para su proyecto. La estancia donde trabajó, cercana a Junín de los Andes, le ofreció condiciones climáticas y territoriales parecidas a algunas regiones de Estados Unidos donde estudió la raza, lo que facilitó la adaptación del Cuarto de Milla a ese entorno.

Selección centrada en el temperamento

Su programa de cría no persigue solo la conformación física: prioriza la mansedumbre como rasgo clave. Desde potrillos, los animales son habituados al trato humano para consolidar un vínculo que facilite la doma y el manejo diario. Las decisiones de reproducción se toman con ese criterio: solo ingresan yeguas que demuestran un temperamento confiado.

  • Ubicación: estancia en la estepa neuquina, cerca de Junín de los Andes.
  • Raza principal: Cuarto de Milla, con incorporación de genética de Estados Unidos.
  • Plan de cría: unas 20 yeguas madres en la Patagonia y ejemplares también en la provincia de Buenos Aires.
  • Manejo: contacto temprano con los potrillos y doma basada en técnicas no violentas.
  • Formación: cursos con entrenadores del entorno de Monty Roberts y colaboración con especialistas.

Un cambio influido por métodos internacionales

El encuentro con las técnicas de Monty Roberts —entrenador estadounidense conocido por promover la doma sin violencia— fue un punto de inflexión. Después de capacitarse en California junto a parte de su equipo, Cabezas incorporó metodologías que priorizan la comunicación y el aprendizaje gradual, rechazando prácticas coercitivas todavía presentes en algunos ámbitos rurales.

Ese aprendizaje impulsó otro objetivo: convertir la estancia en un centro de formación. Planea cursos intensivos de verano en los que combinaría teoría y prácticas en campo, con profesionales que ya han trabajado en la estancia y conocen el lugar y sus desafíos.

Adaptarse a la estepa: desafíos productivos

La región presenta limitaciones claras: precipitaciones que rondan los 400 mm anuales y recursos forrajeros escasos exigen un manejo cuidadoso del suelo y de los mallines. En ese contexto, la selección genética y el manejo racional no son solo una cuestión de bienestar sino también de eficiencia productiva.

Además, la elección del Cuarto de Milla se apoyó en experiencias en exposiciones y viajes a regiones de Estados Unidos como Montana y Wyoming, donde el paisaje y el clima resultaron comparables y demostraron la adaptabilidad de la raza.

Historias dentro del campo

Entre los ejemplares que encarnan el proyecto hay historias que ilustran la dimensión emocional del oficio: un padrillo tordillo recuperado por pura insistencia, o la incorporación hace diez años de un semental cremello importado como parte de la mejora genética. Estos casos muestran cómo las decisiones en la cabaña combinan criterios técnicos y afectivos.

Hoy, la cabaña opera con una mezcla de animales criollos, líneas importadas y la selección propia de temperamento; todo pensado para lograr animales dóciles, funcionales y aptos para competir o integrarse a labores rurales.

Por qué importa ahora

La experiencia de Cabezas responde a debates vigentes sobre el bienestar animal en la producción y la modernización de prácticas rurales. Su modelo propone una vía que puede reducir lesiones, mejorar el rendimiento y atraer a un público interesado en la educación equina responsable. Además, el desarrollo de cursos en la Patagonia tiene potencial económico y turístico para la región.

En un sector donde las tradiciones suelen pesar, la validación de métodos no violentos por parte de criadores con trayectoria puede acelerar cambios de práctica y normativa, y fomentar una oferta formativa que beneficie a nuevas generaciones de trabajadores rurales.

Mirada al futuro

A los 63 años, Cabezas mantiene objetivos concretos: continuar mejorando la genética y la conformación de sus ejemplares, competir y consolidar la estancia como centro de aprendizaje. Su horizonte combina ambición reproductiva con la intención de transmitir una ética de trabajo basada en el respeto hacia los animales.

Como ella misma sintetiza al cerrar una jornada de campo, montar un caballo en la estepa sigue siendo, para ella, una experiencia que detiene el tiempo y reafirma por qué decidió cambiar la vida urbana por la cría en la Patagonia.

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