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A comienzos de abril, una casona centenaria de Deán Funes se transformó en un espacio donde conviven arte, memoria y objetos recuperados: Naranjo y Laurel. La intervención —una mezcla de galería, taller y casa colectiva— recupera patrimonio local y ahora extiende su programación fuera del pueblo con una muestra que se inaugura en Córdoba el 19 de mayo.
Un proyecto que creció sin plan
Lo que comenzó como una idea espontánea se fue definiendo con el tiempo. Mario Sanzano, pintor y responsable del lugar, y su hijo Marcos, fotógrafo y cineasta, convirtieron la vivienda en un refugio creativo donde cada rincón funciona como pieza y relatos convergen.
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La casa, fechada a inicios del siglo XX, terminó por convertirse en galería tras un proceso de curaduría casera: obras, fotos y pasteles se fueron organizando hasta dar coherencia a una propuesta que mezcla trabajo propio y aportes del barrio.
Más allá del núcleo familiar, la iniciativa incluye a vecinos, objetos rescatados del ático y materiales recuperados que reinventan la decoración: azulejos antiguos, muebles restaurados y murales convierten el edificio en una obra colectiva.
El nombre y su carga simbólica
El título del proyecto remite a dos especies reales en el patio: un naranjo y un laurel. Para sus creadores, esas plantas condensan ideas complementarias —victoria y amor— y alimentan la lectura poética del lugar.
En la fachada hay además una mayólica con un verso de Miguel Hernández que refuerza esa alianza simbólica entre contemplación, afecto y memoria, una invitación a leer la casa como un relato en varias voces.
El viaje interior: fotografía desde el sudeste asiático
En la llamada sala azul, Marcos presentó El viaje interior, una serie de fotografías tomadas en Myanmar, Tailandia, Laos, Camboya, Vietnam e Indonesia. La colección no solo registra paisajes y rituales; busca transmitir cómo los desplazamientos cambiaron al autor.
Sus imágenes apuestan por una carga estética y atmosférica que provoque preguntas: retratos, arquitectura religiosa y escenas cotidianas que remarcan diferencias culturales sin exotizarlas.
Marcos explica que la fotografía surge tanto de la intención como de la sorpresa: viaja con la cámara lista, pero abierto a que la escena le imponga la imagen. Esa búsqueda selectiva dio como resultado una muestra condensada que ya no está en la casona y que se presenta ahora en Córdoba.
El gesto y el silencio: pasteles desde la intimidad
La sala amarilla reúne los pasteles de Mario bajo el título El gesto y el silencio. Trabajos nacidos en soledad —algunas obras surgieron cuando el artista no podía salir por problemas de salud— donde prima la línea y el color puro.
Su técnica evita el difuminado: prefiere el trazo claro, el control de la mano y la inmediatez del gesto. Para él, dibujar es a veces un acto físico de descubrimiento, una forma de renacer que parte de la sensación íntima y termina en una imagen transformada.
- Qué ver: fotografías del sudeste asiático y series de pasteles sobre paisaje y flor.
- Origen: la casona centenaria en Deán Funes convertida en galería comunitaria.
- Curaduría: trabajo conjunto entre Mario y Marcos con aportes locales.
- Simbolismo: el naranjo y el laurel como ejes temáticos de la casa.
La propuesta funciona en dos niveles: como exhibición de obra y como intervención urbana. La casa actúa como un catalizador cultural en un pueblo que, según sus creadores, tenía piezas olvidadas que ahora recuperan sentido.
Práctico: cuándo y dónde
La muestra de Marcos que llevaba por nombre El viaje interior se inaugura en la ciudad de Córdoba el martes 19 de mayo a las 19:00 en la Asociación de Magistrados y Funcionarios Judiciales (Belgrano 224). Permanecerá abierta hasta el 10 de junio.
Si lo que busca el visitante es una experiencia más íntima, volver a la casa en Deán Funes permite recorrer murales, objetos reutilizados y la arquitectura que sirvió de plataforma para este proyecto comunitario.
En resumen: Naranjo y Laurel no es solo una galería nueva —es un ejercicio de conservación y memoria que conecta barrio y ciudad, y que plantea cómo el arte puede reactivar lugares y relatos locales. Su traslado parcial a Córdoba amplifica ahora esa discusión y permite que más público acceda a obras nacidas en una casona que volvió a latir gracias al trabajo familiar y comunitario.












