Luciano Laspina: priorizar apagar incendios y urgencias antes de ocuparse de la decoración

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Esta noche Cippec celebra su cena anual con más de mil asistentes; será la primera ocasión en la que Luciano Laspina se dirige al auditorio como director ejecutivo, cargo que asumió el 1° de marzo. Lo que diga hoy importa porque marca la hoja de ruta de uno de los principales centros de pensamiento frente a reformas estructurales que afectan la vida cotidiana y la recuperación económica.

En la entrevista con LA NACION, Laspina trazó prioridades para la organización y analizó la situación económica: una recuperación dispar que beneficia a los exportadores mientras deja rezagos en la demanda interna, y la necesidad de acuerdos políticos básicos que, a su juicio, el país no logró consagrar en su marco institucional.

Prioridades y horizonte

El nuevo liderazgo de Cippec propone combinar la atención a las urgencias con un trabajo de mediano y largo plazo. Según Laspina, el centro pretende acompañar las reformas que ya están en curso y al mismo tiempo promover un debate sobre los desafíos de la próxima década: integración internacional, mejora de la competitividad, educación orientada a nuevos empleos, redistribución territorial del crecimiento y los efectos del envejecimiento poblacional.

Su argumento central es práctico: los gobiernos suelen estar atrapados por la gestión cotidiana; las organizaciones de pensamiento pueden abrir espacios para pensar la transición hacia una economía más orientada a los mercados globales sin perder de vista la protección social necesaria.

Reformas en la mesa

Entre las transformaciones que Cippec impulsa están la reforma fiscal, la revisión de la coparticipación y cambios en el sistema previsional. En el caso de la seguridad social, el centro ya dispone de un proyecto técnico elaborado por especialistas y entiende que su avance depende de encontrar el momento político apropiado, probablemente en un próximo mandato.

Las reformas, señaló Laspina, afrontan distintos límites: la tributaria choca con restricciones fiscales; la coparticipación exige acuerdos provinciales; y la previsional requiere calma social para debatir medidas sensibles.

Una economía a dos ritmos

El diagnóstico económico que expuso el director ejecutivo es claro: hay sectores muy dinámicos ligados a la exportación —energía, minería y agro— y ramas que siguen deprimidas por la debilidad de la demanda doméstica. Esa asimetría da lugar a una estadística engañosa: un crecimiento promedio que convive con empresas y trabajadores que no logran recuperarse.

Varios factores explican el cuadro reciente: la incertidumbre política previa a las elecciones, el endurecimiento de la política monetaria y cambios en el régimen de tasas. El resultado, dice Laspina, es una recuperación parcial que «ahoga a los más chicos» porque el reparto de beneficios es desigual.

¿Cómo hacer más llevadera la transición?

La receta que plantea Cippec no es solo estabilizar; también busca maximizar la integración de proveedurías locales en cadenas globales para que los beneficios de la exportación se difundan. La idea es aprovechar las ventajas comparativas —energía, minería, agro— y conectarlas con industrias de servicio y manufactura que actúen como eslabones aguas abajo.

  • Reforma tributaria: simplificar y modernizar el esquema impositivo para atraer inversión y mejorar la competitividad.
  • Coparticipación: ajustar reglas para que la distribución del gasto y los recursos sea más equitativa entre provincias.
  • Reforma previsional: ordenar el sistema de pensiones con criterios técnicos y de sostenibilidad fiscal.
  • Integración productiva: políticas industriales que conecten exportadores con proveedores locales.

Estabilizar antes de «decorar»

Laspina recurrió a una comparación recurrente: primero hay que apagar el incendio antes de pensar en la decoración. Con ello quiso subrayar que sin consolidar una estabilización macroeconómica creíble resulta imposible avanzar en reformas ambiciosas.

Pero advirtió también que las estabilizaciones son procesos largos y volátiles: requieren paciencia estratégica y constancia institucional. La Argentina, sostuvo, carga con dificultades particulares —historia de default, falta de confianza, problemas de cumplimiento contractual— que complican la comparación con otras experiencias regionales.

El déficit de acuerdos constitucionales

Una parte de su mirada fue institucional: recordó que en la reforma constitucional argentina no se incluyeron, como sí hicieron varios vecinos, normas que blindaran aspectos claves de la política económica —independencia del banco central, límites a la emisión para financiar al fisco, reglas fiscales— y que esa ausencia dificultó la generación de confianza en el tiempo.

Para Laspina, acuerdos no ideológicos y duraderos sobre reglas básicas ayudarían a reducir la volatilidad política y económica. Citó ejemplos regionales donde cambios similares facilitaron transiciones más ordenadas.

Quién debe convocar el diálogo

No esquivó la pregunta de quién debería liderar la construcción de esos consensos: reconoció que pedirle al Gobierno actual que, además de apagar incendios, organice una arquitectura de largo plazo sería excesivo. La expectativa está puesta en una próxima gestión que, si consolida la estabilidad, podrá abrir el espacio para un pacto más amplio.

Mientras tanto, Cippec dice que seguirá impulsando análisis técnicos y propuestas para facilitar ese debate público y para que la recuperación alcance a más sectores.

En síntesis: esta noche la voz de Laspina será la primera de muchas que el centro propondrá para combinar reformas urgentes con una agenda estratégica. El desafío político, más que económico según su diagnóstico, será lograr acuerdos que permitan que la recuperación sea sostenida y distributiva.

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