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Los últimos datos de inflación y actividad económica complican la recuperación y ponen en primer plano una pregunta urgente: ¿cómo asegurará el Gobierno la liquidez para enfrentar vencimientos de deuda este año y en 2027? La respuesta tendrá impacto directo sobre el tipo de cambio, las reservas y la posibilidad de emitir en los mercados internacionales a buen costo.
Marzo reforzó una tendencia alcista de precios que ya venía de meses previos, mientras que los indicadores de industria y construcción de febrero sorprendieron a la baja. Esa combinación reduce el margen de maniobra fiscal y monetario justo cuando el país encara compromisos externos relevantes.
Por qué importa ahora
Una inflación más alta de lo esperado erosiona ingresos reales y presiona demandas de ajuste salarial; al mismo tiempo, la fragilidad de las reservas limita opciones para intervenir en el mercado cambiario. En ese contexto, el Ejecutivo dispone de una ventana para mejorar la confianza de los inversores y reducir la probabilidad de tensiones cambiarias antes de las elecciones.
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Las causas detrás del empuje inflacionario reciente son múltiples: una caída en la demanda de dinero, cierta depreciación del peso en meses previos a los comicios y ajustes de precios relativos que se propagan con más fuerza en economías con historia de alta inflación. Recuperar credibilidad en la política monetaria lleva tiempo, por lo que parte de estos efectos persistirán.
Sin embargo, hay factores que podrían moderar la dinámica de precios en el corto plazo: una mayor estabilidad del tipo de cambio —que, a nivel nominal, ha mostrado ligera apreciación desde el inicio del año— y la ausencia de una escalada del conflicto en Medio Oriente que haga subir el petróleo.
Actividad, salarios y crédito
En la actividad económica coexisten fuerzas opuestas. La cosecha y alivios fiscales aportan crecimiento, pero el shock del precio del petróleo actúa como un freno al transferir ingreso hacia los productores de energía. Además, la normalización de las tasas reales —que retornaron a niveles vistos a comienzos de 2025— todavía no se traduce en una recuperación sólida del crédito. La suba de la morosidad deja una “resaca” que retarda la normalización de los préstamos en pesos, que por ahora crecen por debajo de la inflación mensual.
En términos de ingresos, una desaceleración de la inflación brindaría alivio a jubilados y trabajadores: las prestaciones se actualizan con base en inflación pasada y las negociaciones salariales formales podrían terminar incorporando tramos de aumento mayores a lo que esperaba el mercado. No obstante, los salarios reales se mantienen lejos de niveles de 2016-2017, lo que limita el dinamismo del consumo.
El producto probablemente crezca menos de lo previsto: una estimación plausible es alrededor de un 2% anual, condicionada por la lenta recuperación del crédito y los efectos de la inflación sobre la demanda.
Reservas y deuda: aprovechar la ventana
La cuenta corriente podría cerrar neutra o mostrar un pequeño superávit, y entradas por cuenta capital crearían una sensación de mayor disponibilidad de dólares en el mercado. Ese escenario es precisamente la oportunidad que los responsables económicos deberían aprovechar para clarificar y cubrir vencimientos externos que quedan este año y los de 2027.
Las alternativas sobre la mesa no son exclusivamente emisoras en el exterior; el Gobierno ha señalado varias vías que pueden postergar o disminuir la necesidad de financiamiento externo inmediato: emisiones en dólares en el mercado local, operaciones de repos con el banco central, privatizaciones y colocaciones con garantía de organismos multilaterales.
No obstante, fortalecer el saldo de reservas sigue siendo una prioridad prudente. Mejorar las reservas netas por encima del monto acordado con el FMI aumentaría la resiliencia ante shocks externos y reduciría la prima de riesgo, facilitando luego una salida ordenada a los mercados internacionales.
Tres motivos clave para acumular reservas ahora
- Vencimientos próximos: aun descontando obligaciones intra sector público y suponiendo rollovers de multilaterales, existen compromisos por aproximadamente US$2.000 millones en 2027 que conviene cubrir o refinanciar con anticipación.
- Riesgo electoral y dolarización: la percepción de posibilidad, aunque sea limitada, de un retorno de políticas populistas puede acelerar la dolarización de carteras y depósitos, tal como se observó en momentos electorales previos.
- Dependencia de líneas externas: swaps y acuerdos con grandes socios (por ejemplo, China o Estados Unidos) tienden a estar disponibles, pero su ejecución puede sufrir demoras por razones políticas o administrativas.
Además, hay factores que juegan a favor: la entrada en operación de nuevas infraestructuras —como un oleoducto exportador que aportaría cientos de millones de dólares mensuales— y la posibilidad de estirar plazos de deuda en pesos ofrecen al Tesoro margen para comprar divisas y canjear pasivos externos por internos. Pero ese margen es limitado mientras las reservas netas sigan endebles.
Qué implica para los mercados y los ciudadanos
Si el Gobierno logra acumular un colchón de reservas superior al pactado en la última revisión con el FMI, es probable que el riesgo país baje con fuerza, lo que abriría la puerta a emisiones internacionales a costos más razonables. Para los hogares y empresas, eso se traduciría en menor volatilidad cambiaria y una trayectoria de inflación más previsible.
En cambio, postergar decisiones o confiar sólo en líneas externas con condiciones políticas inciertas incrementa la vulnerabilidad frente a shocks —desde sorpresas en los precios de commodities hasta cambios abruptos en la percepción electoral— y podría renovar presiones sobre el tipo de cambio y la inflación.
En resumen: los datos recientes obligan a una lectura prudente. La ventana para fortalecer reservas existe hoy; aprovecharla reducirá riesgos inmediatos y ampliará las opciones de financiamiento del país de cara a 2027.












