María Herrera: exresponsable de los campos de Rosas en el centro de la polémica

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María Sebastiana Herrera dejó constancia por escrito de movimientos de hacienda y decisiones administrativas que revelan un protagonismo poco conocido de las mujeres en la organización rural del siglo XIX argentino. Sus cartas y declaraciones —que registran desde envíos de ganado hasta la contabilidad de estancias— ayudan a comprender cómo funcionaban los campos vinculados a Juan Manuel de Rosas y cómo se gestionaban recursos en la región de Las Flores.

Contexto y funciones

Nacida en Ranchos en 1804, María se casó con Pascual Peredo en 1822. Peredo ocupó cargos de responsabilidad local —fue mayordomo en estancias de Rosas y luego el primer juez de paz del partido de Las Flores— y, junto con María, administró amplios puestos rurales vinculados a la sociedad Rosas–Terrero.

Como administradora, María remitía informes detallados a sus superiores. En esas comunicaciones consignaba:
– la selección y envío de reses para consumo o venta,
– el estado de los rodeos (mansos, ariscos, gordos),
– la nómina y paga de peones y capataces, y
– el inventario de ingresos y egresos de cada establecimiento.

Cartas y pedidos: ejemplos concretos

En diciembre de 1839, María reportó la salida de cientos de animales —indicó más de 800 novillos provenientes de varias estancias— y señaló la existencia de ganado en puestos como La Blanca y San Benito. Sus notas no eran genéricas: detallaba puestos, cantidades y la condición de los animales, información esencial para decisiones logísticas y de abasto.

En junio de 1842, Rosas pidió vacas para consumo del cuartel y de la quinta; pocos días después María contestó con un informe minucioso sobre más de una docena de puestos, explicitando dónde faltaban peones y caballos para reunir los rodeos y cómo la sequía había desplazado hacienda de algunas estancias a otras.

Poco después, desde la administración se organizó un envío regular: a partir de septiembre de 1842, Rosas ordenó que cada primer día de mes se remitiera a la Estancia San Martín una tropa de 120 novillos gordos. En otra comunicación de julio de ese año, María indicó el envío de 70 cabezas y 10 bueyes, precisando cuáles podían trasladarse y cuáles quedaban debilitados por parásitos.

Organización del personal y comercio

Los registros administrativos de María incluyen el control de nóminas: para el primer trimestre de 1843 consignó la existencia de 26 capataces y 66 peones en los puestos de San Benito y Rosario. También documentan transacciones: en diciembre de 1846, 400 cabezas ingresaron a Tablada del Sud procedentes de Las Flores, compradas por Antonio Cambaceres a María Herrera de Peredo.

El historiador Richard W. Slatta, en Los gauchos y el ocaso de la frontera, subraya que entre las tareas de María estaban la asignación de salarios, la distribución de labores y la llevanza de la contabilidad y el recuento de cabezas de ganado, labores que —según las respuestas de Rosas a sus cartas— efectuaba con solvencia.

  • 1804: Nace en Ranchos María Sebastiana Herrera.
  • 1822: Se casa con Pascual Peredo.
  • 1839: Informe sobre selección y envío de más de 800 novillos.
  • 1842: Comunicaciones regulares con Rosas; orden mensual de envío de 120 novillos a San Martín.
  • 1843: Registro de la dotación de personal en puestos clave (26 capataces, 66 peones).
  • 1846: Venta/transferencia de 400 cabezas a Tablada del Sud.
  • 1857–1860: Pascual solicita y obtiene la compra de tierras vinculadas a Rosas; mensura realizada en 1860.
  • 1862–1866: Testamentos y fallecimientos: Pascual muere en 1862; María testa en 1866 y fallece ese mismo año.

Terrenos, mensuras y legado

En 1857 Pascual Peredo gestionó la adquisición de varias leguas cuadradas de un campo que perteneció a Juan Manuel de Rosas, ubicado cerca de General Belgrano y atravesado por antiguos caminos al Azul. En 1860 se realizó la mensura definitiva. En el testamento de diciembre de 1862, Pascual consignó un importante patrimonio ganadero: miles de vacunos, cientos de yeguas y decenas de miles de ovejas.

María formalizó su testamento en Buenos Aires en abril de 1866 y falleció pocas semanas después en la calle que hoy se conoce como Humberto I.

Por qué importa hoy

Estos documentos no son solo piezas de archivo: aportan evidencias sobre la gestión cotidiana de las estancias, la logística de aprovisionamiento del Río de la Plata y la presencia activa de una mujer en roles administrativos dominados por hombres. Para historiadores económicos, genealogistas o quienes rastrean la historia de la propiedad rural en la provincia de Buenos Aires, las cartas y declaraciones de María Herrera ofrecen datos precisos —fechas, números, nombres de puestos y rutas— que ayudan a reconstruir redes sociales y transacciones de la época.

En suma, la correspondencia y los registros de María Sebastiana Herrera permiten reinterpretar el funcionamiento interno de las estancias rosistas y revalorar la participación femenina en la economía rural del siglo XIX, un aspecto cada vez más relevante para estudios sobre género y patrimonio agrario.

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