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En La Paternal, la polémica por el uso de la tecnología volvió a ganar protagonismo: Marcelo Gallardo tuvo un cruce áspero con el cuarto árbitro tras una jugada que en primera instancia se marcó como tiro de esquina y finalmente se reanudó con saque de arco. El intercambio dejó en evidencia una explicación que no figura en las normas oficiales del VAR y reavivó dudas sobre criterios y comunicación en el arbitraje del Apertura 2026.
El episodio ocurrió en los minutos finales del primer tiempo, cuando Argentinos Juniors ya ganaba 1-0 por el tanto de Hernán López Muñoz. Tras una disputa dentro del área, el árbitro auxiliar indicó córner; segundos después hubo una corrección y el juez autorizó el saque de arco.
Desde el banco de River, Gallardo encaró la decisión. Según se escuchó en el campo, el cuarto árbitro justificó el cambio con un argumento preventivo: dijo que había que evitar consecuencias posteriores si, a partir de un córner mal señalado, llegara un gol. Ese razonamiento provocó la reacción del entrenador, que preguntó si esa clase de explicaciones llegaban “desde arriba”, en alusión a una intervención del equipo de videoarbitraje.
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¿Qué permite realmente el protocolo del VAR?
El reglamento vigente establece límites claros: el VAR puede revisar goles, penales, expulsiones directas y errores de identidad, y lo hace sobre acciones concretas que ya se consumaron. No contempla correcciones basadas en supuestos o en lo que podría ocurrir después de una decisión.
En otras palabras, la intervención del videoarbitraje no está diseñada para enmendar decisiones con el objetivo de prevenir eventos hipotéticos que pudieran derivarse de una decisión inicial.
- Qué pasó: cambio de córner a saque de arco y discusión pública entre entrenador y cuarto árbitro.
- Argumento del árbitro: evitar un posible gol derivado de un córner mal concedido (posición preventiva, no recogida en el protocolo).
- Marco reglamentario: el VAR actúa sobre acciones ya ejecutadas —no sobre hipótesis— y solo en cuatro supuestos claros.
- Consecuencia inmediata: River terminó perdiendo 1-0; la disputa no modificó el marcador pero sí la percepción sobre la coherencia arbitral.
El tono del intercambio no derivó en sanciones durante el partido, pero dejó un mensaje claro: existe una brecha entre lo que los árbitros informan en el campo y lo que el reglamento del VAR permite formalmente. Esa divergencia alimenta la inquietud de clubes y hinchas y obliga a pensar en la necesidad de mayor precisión en los criterios comunicados en tiempo real.
Implicaciones para el torneo y para los árbitros
Que un miembro del cuerpo arbitral utilice argumentos fuera del protocolo revela dos efectos concretos: erosiona la confianza en la aplicación homogénea de las normas y obliga a la comisión de arbitraje a aclarar procedimientos. Si no hay una explicación oficial pública, la sensación de vacío conceptual puede crecer con cada episodio similar.
Desde la óptica deportiva, la situación también tiene incidencia práctica: decisiones ambiguas en momentos calientes del partido alteran el ritmo y generan preguntas sobre la transparencia del proceso. Los equipos reclaman seguridad en la interpretación de las reglas; los árbitros necesitan directrices más nítidas para justificar cambios sin caer en razonamientos extrarreglamentarios.
La polémica no cambia el resultado: River perdió por la mínima y Argentinos se quedó con los tres puntos. Pero el episodio volverá a ser materia de debate en la próxima reunión de la comisión arbitral, donde es probable que se exijan clarificaciones públicas sobre qué se puede o no argumentar en el campo y cómo se comunica la intervención del equipo de videoarbitraje.
Mientras tanto, la frase que cruzó Gallardo y el cuarto árbitro seguirá circulando en redes y mesas de análisis como ejemplo de por qué la coherencia entre protocolos y explicaciones prácticas es clave para preservar la credibilidad del VAR en el fútbol argentino.












