Una argentina lleva casi un año viviendo en la capital de Egipto y relata cómo el ambiente del Mundial y la vida cotidiana se entrecruzan con una cultura que la sorprendió desde el primer día. Su experiencia muestra por qué la competición y la inmersión cultural siguen marcando la agenda pública: no es solo fútbol, sino una ventana a costumbres, convivencia y cambios personales.
Selena Garzón, de 29 años y oriunda de Tartagal, llegó a El Cairo a finales de 2024 tras aceptar la invitación de su pareja, un terapeuta del habla austríaco que consiguió trabajo allí. Mantiene su empleo en marketing de forma remota para una empresa ecuatoriana y, en menos de un año, se convirtió en madre en la capital egipcia: su hijo, llamado Atón, nació en la ciudad y su nombre remite al antiguo culto al sol.
La vida en la ciudad le exigió una adaptación rápida. Selena cuenta que, aunque al principio le costó entender algunos rasgos cotidianos, hoy está inmersa en la cultura local y valora la calidez de mucha gente con la que se cruza. La cercanía entre sitios monumentales y barrios habitados la sorprende: las grandes pirámides de Guiza no quedan aisladas en una extensión de dunas, sino muy próximas al tejido urbano.
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El Mundial, dice, ha sido una forma inesperada de conocer a los egipcios. La pasión por la selección nacional se percibe en la calle, en los taxis y en las terrazas de los hoteles junto al Nilo. Mohamed Salah ocupa un lugar central en la admiración popular; no es considerado un ser intocable, pero sí el referente futbolístico más importante.
La convivencia entre celebraciones deportivas y prácticas religiosas forma parte del paisaje diario. Al son del Adhan —la llamada a la oración— la gente detiene sus actividades y se dispone a rezar, incluso sobre la vereda, según describe Selena. Esa simultaneidad de lo profano y lo sagrado es uno de los elementos que más la impactó.
- Ambiente de hinchada: festejos en las calles con bocinazos, cánticos y música, a menudo hasta altas horas.
- Rituales visibles: el Adhan y la práctica cotidiana de la oración son constantes públicas.
- Ocio social: la shisha aparece como ritual de encuentro, en cafés y restaurantes sin las restricciones que tendría en otros países.
- Movilidad: tráfico caótico en el que a veces faltan semáforos; los taxis son la opción práctica y económica para muchos residentes.
- Puntos turísticos cerca: las pirámides de Keops, Kefrén y Micerino están al alcance de la ciudad, lo que permite combinar partidos con visitas históricas.
Selena recuerda anécdotas que ilustran el choque cultural: un taxista pegado a la radio siguiendo el partido, la euforia cuando se marca un gol y la imposibilidad a veces de fotografiarlo todo por la rapidez de los festejos. También admite precauciones: evita cruzar avenidas grandes a pie y recurre con frecuencia al taxi por la percepción de riesgo en el tránsito urbano.
En lo cotidiano, la joven ajustó su vestimenta para no destacar: pantalones largos y camisas cerradas son su norma, y aún no ha usado el pañuelo en la cabeza, aunque no descarta hacerlo más adelante. Su relato subraya que, pese a las diferencias, muchos cairotas resultaron afectuosos y hospitalarios: la familia de sus caseros los invitó a su casa y los trató como a propios.
El nacimiento de Atón en El Cairo fue, según Selena, una experiencia que salió “maravillosamente” gracias al apoyo de su pareja, el equipo médico local y la llegada de su madre y hermanas desde Argentina. La coincidencia entre una vida familiar que se instala y un evento global como el Mundial refuerza el interés del relato: la experiencia personal se cruza con una narrativa colectiva que hoy ocupa titulares y plazas.
Desde su departamento en New Cairo, seis horas por delante de Argentina, Selena sigue el pulso de la ciudad: mercados, terrazas con vistas al Nilo, y la posibilidad emergente de ver un partido cerca de las pirámides o en encuentros organizados por argentinos residentes. Para ella, esa convivencia entre historia milenaria y fervor contemporáneo resume por qué esta temporada es distinta.
A modo de cierre, estas son algunas recomendaciones prácticas para quienes estén pensando en viajar o vivir temporalmente en El Cairo durante el Mundial:
- Informarse sobre los horarios de oración y respetar los espacios religiosos.
- Preferir taxis y aplicaciones de transporte para desplazamientos largos o ciudades con tráfico denso.
- Adaptar la vestimenta a normas locales para evitar miradas o situaciones incómodas.
- Si interesa el fútbol, buscar bares o encuentros organizados con antelación: la demanda sube durante el torneo.
- Guardar tiempo para visitar los sitios arqueológicos: están más cerca de lo que muchos esperan.
La historia de Selena es, al mismo tiempo, la de una expatriada que descubre una ciudad compleja y un país donde el fútbol refuerza identidades y la convivencia diaria revela tradiciones antiguas en espacios modernos. Para lectores interesados en viajes o en la dimensión social del deporte, su testimonio ofrece una guía práctica y una mirada directa sobre cómo se vive el Mundial fuera de los estadios.










