Backrooms ya llegó: crítica, sorpresas y si vale la pena verla

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La llegada a salas de Backrooms, debut cinematográfico del creador de contenidos Kane Parsons, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta actual: ¿hasta qué punto las propuestas originadas en internet se traducen bien al cine? El respaldo de sellos como A24 y productoras como Atomic Monster convierte el estreno en un termómetro sobre la influencia de la cultura en línea dentro del género de terror contemporáneo.

La película adapta la atmósfera del famoso creepypasta y de la webserie original, y apuesta por un terror más sugerente que explícito: espacios que recuerdan a oficinas laberínticas, pasillos sin fin y una sensación persistente de desorientación. Esa elección estética es uno de los puntos que la acercan a lo inquietante, pero también plantea dudas sobre su alcance narrativo.

De la serie viral al largometraje

Kane Parsons dirige una historia firmada por Will Soodik que gira en torno a Clark, interpretado por Chiwetel Ejiofor, un empleado de una tienda de muebles que descubre, tras una noche de insomnio, una abertura que conduce a una dimensión paralela. Su terapeuta, Mary —a cargo de Renate Reinsve— comprueba que no se trata de mera alucinación.

La película incorpora recursos del found footage, piezas de archivo y una paleta visual que remite a los años 90; una combinación pensada para intensificar la verosimilitud y el ruido ambiental propio de las áreas deshabitadas. En algunos pasajes el montaje y el diseño sonoro funcionan como herramientas de inquietud efectiva.

Lo que funciona y lo que se queda corto

Entre los aciertos sobresale la capacidad para construir un clima absorbente: la sensación de perderse en corredores idénticos y la elección de no mostrar directamente la violencia generan tensión de forma sostenida. La presencia de actores reconocidos añade gravedad al proyecto y varias escenas sostienen una verdadera inquietud.

Sin embargo, la película tropieza cuando pretende convertir la ambigüedad en profundidad teórica. Hay momentos en que la falta de explicaciones se siente menos como decisión artística y más como ausencia de desarrollo. La premisa —espacios extradimensionales que atrapan a quienes se descuidan— ofrece buen material visual pero no siempre se traduce en consecuencias dramáticas claras.

En resumen: su potencia está en la atmósfera y el trabajo sonoro/visual; su limitación, en la construcción de ideas que sostengan el planteamiento durante todo el metraje.

Ficha técnica y datos clave

  • Título: Backrooms
  • Año: 2026
  • Dirección: Kane Parsons
  • Guion: Will Soodik
  • Reparto principal: Chiwetel Ejiofor, Renate Reinsve, Mark Duplass, Finn Bennett, Lukita Maxwell
  • Duración: 110 minutos
  • Productoras/distribuidora: Atomic Monster, A24 / Imagem Films
  • Clasificación: mayores de 13 años

Más allá de la valoración puntual, Backrooms es relevante porque ejemplifica dos dinámicas actuales: la migración de formatos virales al circuito comercial y la apuesta de estudios independientes por propuestas de autor que mezclan nostalgia, estética retro y terror sensorial. Para el público, eso implica más riesgo creativo —y también más variabilidad en los resultados— que en producciones de perfil más clásico.

Si busca una película de terror que privilegie la atmósfera y el diseño sonoro antes que una explicación sólida del misterio, encontrará motivos para interesarse. Si lo que prefiere es una trama cerrada y coherente, tal vez esta propuesta le deje la sensación de algo incompleto.

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