Descenso de nacimientos obliga a cambiar servicios en hospitales y clínicas: qué implica hoy

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El cierre de la maternidad del Sanatorio Finochietto no es un hecho aislado: hospitales públicos y clínicas privadas están reordenando sus servicios ante una caída sostenida de los nacimientos que cambia la demanda por atención perinatal y obliga a destinar recursos a otras áreas. Ese ajuste incide hoy en la disponibilidad de camas, en los costos de cuidados intensivos neonatales y en la planificación local de salud.

En el Hospital Santojanni, donde Miguel Huespe dirige el Departamento Materno Infantil y lleva 40 años vinculado al centro, la realidad sorprende por su reversión respecto al pasado. Huespe relata que el hospital llegó a tener jardines de maternidad con miles de partos anuales; hoy conserva menos salas y unas 22 camas activas en maternidad que, según su diagnóstico, están por debajo de la demanda histórica.

Los recortes y cierres recientes involucran tanto al sector privado como al público. El Sanatorio Finochietto anunció el cierre de su maternidad y la reconversión de esos espacios en quirófanos y unidades de atención ambulatoria. En 2023 el Instituto de Diagnóstico (IADT) también clausuró su servicio; además, se registraron cierres en la Clínica Santa Isabel y en el Sanatorio de La Trinidad Mitre. En Mendoza, el Hospital Carlos Saporiti dejó de funcionar como maternidad y se transformará en un área de salud mental.

La explicación repetida por directores y jefes de servicio es la misma: la baja natalidad reduce ocupación y hace menos sostenibles unidades complejas, sobre todo las dedicadas a neonatología. Según el último informe de Estadísticas Vitales, el país experimentó una caída cercana al 47% en la tasa de nacimientos en la última década, un dato que ya se refleja en la distribución de recursos sanitarios.

Cómo repercute en hospitales y clínicas

La caída de partos no solo significa camas vacías en maternidad; también impacta la viabilidad operativa de servicios altamente especializados. En neonatología, el costo por paciente puede ser muy elevado: los recién nacidos prematuros o con complicaciones requieren semanas o meses de internación y tecnología costosa.

Hernán Jensen, jefe de Obstetricia del Sanatorio Otamendi, subraya que la reducción de partos afecta por igual a públicos y privados. El Otamendi enfrentó una disminución, pero mantiene inversión en neonatología como ventaja competitiva: según datos citados por su dirección, cerró 2025 con poco más de 3.000 nacimientos. Por su parte, el Ministerio de Salud porteño informó que la Maternidad Sardá registró 3.321 nacimientos en 2025, lo que la mantiene como el centro con mayor actividad en la Ciudad.

No todas las instituciones se comportan igual: centros que atienden embarazos de alto riesgo o que cuentan con terapia intensiva y banco de sangre mantienen niveles de actividad relativamente más altos, aun cuando la tendencia general sea descendente. El Santojanni, por ejemplo, continúa recibiendo derivaciones complejas y partos con complicaciones obstétricas.

Consecuencias prácticas

  • Redistribución de camas: espacios de maternidad se reconvierten para otras especialidades más demandadas.
  • Mayor énfasis en neonatología de alta complejidad: las instituciones que quedan tienden a concentrar casos de riesgo y a invertir en tecnología
  • Impacto en la organización del sistema: surge la propuesta de centralizar maternidades para garantizar volumen y calidad asistencial.

Los especialistas proponen concentrar la atención obstétrica donde haya mayor demanda y capacidad técnica. Huespe menciona que, en la Ciudad, existen una docena de maternidades públicas y que una estrategia de regionalización —mantener cuatro o cinco centros con actividad sostenida— podría mejorar la eficiencia y los resultados.

Hay datos operativos que ayudan a dimensionar el desafío: según un relevamiento en distintos centros, una guardia de base en maternidad requiere entre 1 y 3 médicos internos, 3 parteros de turno, 4 neonatólogos y cuatro turnos de enfermería dedicados a obstetricia y neo. Además están los residentes y concurrentes, cuya participación condiciona la carga laboral y los costos de suplencia cuando faltan titulares.

El umbral de volumen importa: la evidencia hospitalaria local y la experiencia clínica sugieren que en maternidades con menos de 1.000 partos anuales la mortalidad perinatal tiende a ser más alta, un argumento que alimenta el debate sobre concentración de servicios.

Lo que cambia para las familias

La reorganización implica decisiones prácticas para las embarazadas: menos centros con atención integral, distancias mayores para acceder a servicios complejos y mayor concentración de partos en hospitales con alta complejidad. Al mismo tiempo, en varias clínicas privadas se observan cambios demográficos entre las pacientes: aumento de primerizas y un alza en la edad materna promedio (de alrededor de 24 años hace una década a cerca de 35 años en algunos centros).

En resumen, el cierre del Finochietto es sintomático de una transformación más amplia: la caída sostenida en la natalidad obliga a reconfigurar camas, equipos y presupuestos, y plantea decisiones sobre cómo garantizar calidad y equidad en la atención obstétrica y neonatal en los próximos años.

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