Centenario egresado homenajeado por su colegio: sigue con ganas de aprender

Juan Arida recién cumplió 100 años y, en plena lucidez, representa un puente vivo entre la prensa tradicional y la comunidad libanesa en la Argentina. Su historia cobra actualidad porque será homenajeado este domingo durante los actos por los 125 años de la congregación maronita, un gesto que recuerda el valor de la memoria y la lengua en la vida pública.

En su PH de Floresta, entre pilas de libros y recortes, Arida recibe a quien lo visita con la misma curiosidad que lo acompañó durante décadas de periodismo y poesía. No busca protagonismos: prefiere compartir anécdotas, poemas propios y, como compañía diaria, los crucigramas y autodefinidos.

La ceremonia central se celebrará en la Catedral San Marón (Paraguay 848) desde las 11, con la presencia del arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva. Allí se le rendirá homenaje como el egresado más longevo del colegio, un reconocimiento que para Arida tiene más de humor que de vanidad.

Su vida profesional estuvo ligada a los diarios y a la traducción. Fue periodista durante más de medio siglo y trabajó en Clarín entre 1959 y 1971; antes, tradujo para L’Osservatore Romano en la Argentina. Habla varios idiomas —inglés, francés, italiano, portugués, árabe y latín— y cuenta que ese ejercicio constante con las palabras le permitió moverse con soltura por entrevistas y coberturas internacionales.

La casa rezuma lecturas: enciclopedias, volúmenes gruesos y cuadernos llenos de notas de sus viejas secciones. Sus hijas y amigas lo ayudan a recuperar textos amarillentos donde aparecen columnas creativas, como una serie de «Cartas de Aniversario» que ganó elogios en su momento.

  • Edad: 100 años cumplidos recientemente.
  • Trayectoria en medios: periodista por más de 50 años; 12 años en Clarín.
  • Idiomas: inglés, francés, italiano, portugués, árabe y latín.
  • Homenaje: reconocimiento en el 125° aniversario de la Congregación de los Misioneros Libaneses Maronitas.
  • Rutinas: crucigramas, escritura de poemas y ejercicios ligeros en la cocina.

Quienes lo conocen destacan su sentido del humor y su capacidad para reírse de sí mismo. También recuerdan su dedicación: trabajó en el Consulado y la Embajada en Beirut durante dos años y supo cubrir festivales de cine y entrevistar figuras internacionales gracias a su soltura idiomática.

El cenit de la jornada reciente para Arida ha sido la preparación del traje que usará en la ceremonia del colegio, un momento que lo tiene «como un chico», según su hija. Para él, el reconocimiento confirma algo sencillo: llegar a viejo con autonomía y mantener la curiosidad.

Hay además una historia personal que le da otro matiz a su centenario: quedó viudo hace dos años tras sesenta años de matrimonio. Habla de su esposa con cariño y de cómo la fe y la rutina cotidiana lo sostienen. Practica ejercicios suaves a diario y conserva intacto el gusto por la conversación.

Amigos y colegas definen a Arida como un periodista de estilo claro, rápido y sostenido por la lectura y el oficio. Uno de ellos recuerda cómo, frente a una máquina de escribir Olivetti que aún conserva, Arida entraba en un estado de concentración absoluta que le permitía producir columnas con naturalidad.

La figura de Arida tiene resonancia más allá de lo personal: simboliza la continuidad de tradiciones periodísticas, el aporte de las comunidades inmigrantes a la cultura argentina y la importancia de la lengua como herramienta de inserción social y profesional. En un momento en que los medios y las instituciones revalorizan su pasado, su homenaje es también una invitación a preservar esas biografías.

Si algo queda claro después de la charla en su casa es que, para Arida, escribir fue y sigue siendo una forma de estar vivo. Y que, a los cien años, sigue encontrando motivos para sorprenderse y para contar.

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