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Meryl Streep vuelve a encarnar a Miranda Priestly veinte años después de la primera entrega, y la secuela llega justo cuando los debates sobre trabajo, medios y moda ocupan de nuevo la agenda pública. Estrenada hoy, la película plantea si un personaje forjado en otra época puede mantenerse relevante en un entorno que cambió radicalmente.
Un regreso en clave distinta
La original de 2006 no solo fue un éxito comercial: dejó una huella cultural que transformó la mirada sobre el universo editorial y las jerarquías de la moda. Ahora, la continuación aterriza en un paisaje mediático muy distinto, marcado por la caída de las revistas impresas, la migración de anunciantes hacia plataformas digitales y una mayor sensibilidad pública sobre prácticas laborales.
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Lejos del temor que provocaba en su momento la posibilidad de ofender a figuras del sector, la secuela recibió el apoyo de marcas de lujo y contó incluso con la participación pública de Anna Wintour en material promocional, una vuelta de tuerca que subraya el cambio de prioridades entre la industria y sus protagonistas.
De la anécdota a la adaptación
El relato original partía de la experiencia de Lauren Weisberger como asistente de una editora de alto perfil; esa inspiración alimentó la percepción pública de una editora implacable. En la nueva entrega, ese arquetipo se encuentra con desafíos distintos: la supervivencia de la revista Runway, la presión por renovar la imagen y la necesidad de alianzas que antes habrían parecido improbables.
Miranda Priestly, tal como la interpreta Streep, debe negociar no solo con competidores y marcas, sino con sucesos que han cambiado la relación entre empleadores y empleados en los últimos años.
Trabajo y cultura: otra lectura
La narrativa laboral de la primera película —la asistente sacrificada que acepta condiciones abusivas esperando recompensa futura— choca con discursos contemporáneos que privilegian los límites personales. En la era del llamado Quiet Quitting, la audiencia aborda estas historias con otras expectativas: se cuestionan las prácticas tóxicas y se celebra menos la tolerancia al desgaste profesional.
Eso convierte a la secuela en un termómetro: ¿se disculpa, se moderniza o se mantiene inamovible el personaje que dominó la pantalla en 2006? La respuesta influye en cómo la película será leída por el público joven y por quienes recuerdan la original.
Qué ofrece la película
- Título: The Devil Wears Prada 2 (El diablo viste a la moda 2)
- Estreno: 30 de abril de 2026
- Género: Comedia dramática
- Director: David Frankel
- Guion: Aline Brosh McKenna y Lauren Weisberger
- Reparto principal: Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt
- Duración: 1h 59min
- Impacto promocional: el primer tráiler superó los 180 millones de vistas en sus primeras 24 horas
Primeras lecturas críticas
Las reseñas iniciales describen una secuela con energía y humor, que recupera la talla actoral de su elenco y potencia elementos como el vestuario y la banda sonora. Críticos de medios de entretenimiento han destacado que la película funciona tanto como continuación fiel como actualización inteligente del material original.
Algunos observadores valoran el guion por su agudeza y la manera en que satiriza el propio ecosistema mediático; otros subrayan que la película logra emocionar sin depender exclusivamente de la nostalgia.
Además de los elogios, el filme ya genera conversación: cameos de figuras del mundo de la moda y rumores de apariciones musicales elevan las expectativas sobre su impacto cultural y comercial.
¿Por qué importa hoy?
Más allá del entretenimiento, la secuela sirve como una lupa sobre temas vigentes: la transformación de los medios, el poder de la marca en la cultura popular y los nuevos límites laborales. Para profesionales del sector y para el público general, la película plantea preguntas sobre cómo se reinventa el liderazgo en un entorno más expuesto y menos tolerante con abusos.
Ver a Miranda Priestly negociar su supervivencia en 2026 ofrece además una lectura sobre cómo la nostalgia se utiliza en la industria del cine para reactivar franquicias, y sobre la tensión entre conservar una figura icónica y adaptarla a las demandas del presente.
Para ver
El diablo viste a la moda 2 llega a las salas este jueves 30 de abril. Apto para mayores de 13 años; duración 1h 59min. Si busca una película que dialogue con el pasado sin ignorar los debates actuales sobre trabajo y medios, esta secuela será un punto de partida interesante para la conversación.














