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La oferta de bebidas sin o con baja graduación alcohólica dejó de ser una curiosidad para convertirse en una alternativa concreta en supermercados y vinotecas. Este movimiento —impulsado por leyes locales, hábitos de consumo más saludables y avances tecnológicos— reconfigura lo que se sirve en la mesa y qué buscan los consumidores hoy.
Por qué importa ahora
El cambio tiene impacto directo en el mercado: en los últimos años el consumo de vino cayó y nuevas categorías ganan terreno, especialmente la cerveza 0% y los vinos low/no. Para el consumidor esto significa más opciones para momentos cotidianos —con menos calorías o sin alcohol— y para las bodegas implica reinventar procesos, canales y hasta su propuesta de valor.
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Según el Instituto Nacional Vitivinícola, el consumo doméstico de vino acumula una caída cercana al 22,6% en cinco años. Un informe reciente de Worldpanel, encargado por el Fondo Vitivinícola Mendoza y COVIAR, muestra que del total de bebidas consumidas entre 2022 y 2025 el vino perdió participación frente a aperitivos, sidras y cervezas; y que la cerveza sin alcohol ya representa alrededor del 2% del volumen de cervezas.
Cómo se definen las categorías
En la práctica se usan varios términos para agrupar estos productos. En Argentina, el Código Alimentario considera como sin alcohol a los vinos con menos de 0,5% de graduación. Los que conservan algo de etanol pero por debajo de lo habitual suelen denominarse low, livianos o de baja graduación; los mercados internacionales los llaman NO&LOW o NOLO.
| Categoría | Graduación típica | Calorías aproximadas (copa) | Perfil de consumo |
|---|---|---|---|
| No alcohol | < 0,5% | 10–20 | Eventos diurnos, conductor designado, públicos fitness |
| Low (baja graduación) | ~8–11% | ~60–80 | Consumo social sin impacto fuerte en la rutina |
| Vino tradicional | 12–14% (varía) | ~120–150 | Maridaje exigente, guarda y coleccionismo |
Qué impulsa la demanda
El estudio de Worldpanel identifica causas que van más allá de la regulación. Los consumidores emergen de la pandemia con una mayor atención al bienestar integral: incorporar ejercicio, cuidar la alimentación y equilibrar salidas sociales con periodos de consumo responsable son motivadores claros.
- Rutinas de actividad física más frecuentes.
- Búsqueda de hábitos sostenibles para la salud.
- Compensación en el consumo: alternar jornadas con y sin alcohol.
- Preferencia por productos que no afecten rendimiento físico ni figura.
La respuesta de la industria
Las grandes cerveceras y las bodegas están reaccionando con inversión y desarrollo de productos. En el caso de las cervezas, la penetración de la versión 0% se disparó en los últimos años: pasó de niveles mínimos a representar una participación relevante en hogares, según el informe citado.
En bodegas, la adaptación toma varias formas: algunas elaboran vinos tradicionales y luego aplican procesos de desalcoholización; otras trabajan en el viñedo para cosechar uvas con menos azúcar y producir directamentes vinos de menor graduación. También aparecen propuestas que utilizan burbujas y botánicos para recuperar sensación en boca cuando se reduce el alcohol.
Los costos y la complejidad técnica son un obstáculo para pequeños productores, pero las bodegas de mayor escala ven en el NO&LOW una categoría estratégica con potencial de exportación y de ampliar ocasiones de consumo.
Técnicas y desafíos en la elaboración
La desalcoholización suele realizarse por destilación al vacío o por otras tecnologías a baja temperatura que buscan preservar aromas frágiles. Cuando se opta por vinos low, la clave está en la elección de la uva y la cosecha temprana: menos maduración significa menor azúcar y, por tanto, menor potencial alcohólico.
Estos procesos no son sencillos: deben separar compuestos termosensibles y trabajar la estructura con recursos alternativos (carbonatación, botánicos, ajuste de acidez) para que la experiencia en copa sea satisfactoria.
Qué dicen los expertos
Representantes del sector sostienen que NO&LOW dejó de ser nicho y hoy es una categoría en crecimiento, especialmente entre generaciones jóvenes que priorizan flexibilidad en su consumo. Ejecutivos de bodegas grandes y cerveceras coinciden en que la innovación y la presencia en canales masivos fueron clave para normalizar la oferta.
En contraste, sommeliers advierten sobre límites sensoriales: la reducción o eliminación del alcohol altera la estructura y la longevidad del producto, por lo que estos vinos no pueden reemplazar a los tradicionales en maridajes complejos ni en procesos de guarda.
Implicaciones para el consumidor
Más allá de la retórica, la llegada de estas alternativas tiene consecuencias prácticas: permiten beber en más contextos —día, trabajo, deporte— con menos impacto en calorías y sin la incomodidad del alcohol. Pero también piden ajustar expectativas: no son equivalentes a un vino de guarda y suelen requerir combinaciones distintas en la mesa.
Para quienes siguen la tendencia: conviene mirar la etiqueta (graduación y método de elaboración), probar diferentes estilos y pensar en estas botellas como nuevas herramientas en lugar de sustitutos exactos.
Mirada hacia el futuro
La categoría no está consolidada de forma definitiva, pero su ritmo de crecimiento y la entrada de jugadores grandes indican que vino y cerveza sin o con baja graduación llegaron para quedarse al menos como alternativa relevante. Para la industria la pregunta es cuándo y con qué inversión lograrán escalar sin perder identidad; para el público, qué ocasiones de consumo preferirá reservar para estas versiones.
El fenómeno ya está impactando precios, portafolios y la forma en que se piensa el consumo social: más opciones, nuevas experiencias y una industria que reescribe parte de sus procesos productivos para adaptarse a una demanda que prioriza salud y flexibilidad.












