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Un estudio reciente en cuatro países de América Latina desafía la imagen habitual de un abismo entre jóvenes y mayores: lejos de ser antagónicos, ambos grupos comparten prioridades y preocupaciones que cobran especial sentido en un contexto de incertidumbre económica y cambio social. ¿Por qué importa ahora? Porque esos puntos en común modifican cómo empresas, gobiernos y medios deben dirigir políticas y mensajes hacia distintas edades.
La consultora Quiddity, en colaboración con el ecosistema de agencias de Untold Argentina, encuestó a 3.216 personas en Argentina, Brasil, Colombia y México para comparar a quienes tienen entre 18 y 27 años y a adultos de entre 50 y 70. El estudio agrupa a este último segmento bajo la etiqueta de Generación Silver, que reúne a Baby Boomers y parte de la Generación X en una etapa de la vida compartida.
Valores compartidos
A primera vista sorprende la cercanía: ambos colectivos sitúan a la familia, la salud mental y la salud física entre sus principales preocupaciones. La idea de éxito tampoco se define por reconocimientos públicos ni por exhibición, sino por lograr estabilidad, equilibrio y coherencia personal.
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En palabras de la directora de Quiddity, esos cruces muestran una «base común de prioridades» que trasciende la edad y abre una nueva lectura sobre las etapas vitales. Para los responsables del estudio, esa convergencia obliga a repensar mensajes comerciales, laborales y sociales dirigidos a distintos segmentos.
- Prioridades: familia, salud mental y física.
- Definición de éxito: estabilidad y equilibrio por encima del reconocimiento.
- Motivación laboral: la estabilidad económica lidera, seguida del crecimiento personal y proyectos propios.
Admiración, pero también sensación de exclusión
Un hallazgo menos obvio es la mirada de respeto que muchos jóvenes tienen hacia quienes superan los 50: la experiencia y la estabilidad alcanzada por los mayores aparecen como metas que hoy se perciben más difíciles de alcanzar.
Ese reconocimiento convive con una percepción compartida de ser poco escuchados. Los menores de 30 denuncian estereotipos que los pintan como descomprometidos; los mayores, por su parte, sienten que quedan fuera de conversaciones relevantes en ámbitos laborales y tecnológicos.
Según la socióloga que participó del informe, existe una doble sensación de marginación: los jóvenes perciben juicios y los mayores, exclusión práctica. Ese punto de contacto emocional —más que ideológico— es central para entender la dinámica intergeneracional actual.
Dónde sí se separan
Las diferencias más claras aparecen en la vida cotidiana, sobre todo en la relación con la tecnología. Para la Generación Z lo digital forma parte de la identidad: redes sociales, mensajería y plataformas modulan vínculos y estados de ánimo. El 79% de los encuestados de ese grupo considera que su generación depende en exceso de la tecnología y el 73% admite que las redes impactan en cómo se siente.
En contraste, los adultos mayores usan lo digital con un enfoque más funcional: herramienta para comunicarse e informarse, pero con menor implicación emocional. Solo el 42% de la Generación Silver percibe una dependencia tecnológica similar entre sus pares.
También hay diferencias en prioridades temporales: los jóvenes proyectan a futuro, con foco en carrera y desarrollo personal; los mayores tienden a priorizar el presente, seleccionando y disfrutando aquello que consideran esencial.
| Aspecto | Generación Z (18–27) | Generación Silver (50–70) |
|---|---|---|
| Dependencia percibida de la tecnología | 79% | 42% |
| Influencia de redes en el estado de ánimo | 73% | — |
| Acciones concretas vinculadas a la sustentabilidad | 50% | 78% |
| Países encuestados | Argentina, Brasil, Colombia, México (3.216 casos) | |
Un dato regional: en Argentina se detecta con mayor nitidez el sentimiento de soledad entre los jóvenes, que incluso recurren a herramientas como la inteligencia artificial para consultas con carga emocional, algo que muestra la dimensión afectiva del fenómeno digital.
Implicaciones prácticas
Para marcas, gobiernos y equipos de recursos humanos, las conclusiones son claras: asumir que generaciones distintas siempre responden a valores opuestos es un error. Según uno de los directores del proyecto, el desafío es diseñar estrategias que reconozcan tanto las afinidades (salud, familia, búsqueda de estabilidad) como las diferencias prácticas (uso de la tecnología, horizonte temporal).
En síntesis, el estudio sugiere que reducir a un conflicto generacional simplifica una realidad más compleja: existe una importante zona de coincidencia que puede servir de base para políticas públicas, campañas de comunicación y proyectos intergeneracionales que respondan a preocupaciones reales y compartidas.
Fuente: informe de Quiddity en colaboración con Untold Argentina; muestra: 3.216 personas en Argentina, Brasil, Colombia y México.












