Un cine pequeño se convierte en el escenario de una discusión urgente: cuando los recortes alcanzan a quienes sostienen la proyección, ¿qué queda del valor público del cine? La noche está marchándose ya responde con delicadeza y rabia, recordando que la cultura se juega en decisiones presupuestarias que afectan vidas concretas.
La película, dirigida por Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini, focaliza a un proyectorista del cineclub municipal mientras afronta la posibilidad de perder su empleo y, con él, un lugar de pertenencia. Es un filme que toma partido —sin estridencias— a favor de la convivencia y la dignidad frente a la lógica del recorte.
En varias escenas el metraje se detiene sobre gestos cotidianos: las charlas de madrugada con la encargada de limpieza, las proyecciones solitarias que el sereno se regala, la lectura dormida en el hall. Estos fragmentos funcionan como pequeños actos de resistencia que, acumulados, trazan una ética de la comunidad.
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El pasaje que conmueve con más fuerza es la escena en la que Pelu decide abrir la sala a sus amigos que duermen en la calle. Ese gesto, filmado con calma, evidencia la posibilidad de otra política cultural: no solo exhibir películas, sino sostener vínculos.
Formalmente, el film apuesta por la textura: planos que rehúyen la mirada cómoda, encuadres que modifican la geografía urbana y convierten la Cañada y el cineclub Hugo del Carril en lugares de suspenso y ternura. La puesta en imágenes refuerza la idea de que cada plano contribuye a una mirada ética sobre la realidad.
La película dialoga con una tradición humana del cine —desde autores clásicos hasta contemporáneos— que valora la solidaridad y la decencia frente a la hostilidad social. Pero lejos de quedarse en la nostalgia, ofrece una propuesta política y estética concreta: mostrar que otro uso del cine es posible.
El término que mejor la define podría ser partisano: no en clave bélica, sino como gesto persistente contra la degradación cotidiana. Aquí la resistencia no es un lema: es una práctica hecha de pequeños actos —abrir las puertas, compartir una butaca, proyectar películas que enseñan a convivir.
Dónde y cuándo verla
Ficha breve y puntos clave:
- Título: La noche está marchándose ya
- Dirección: Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini
- Reparto: Octavio Bertone, Juana Oviedo, Rodrigo Fierro
- Duración y formato: 104 minutos, DCP
- Estreno local: En el cineclub Hugo del Carril desde el jueves 5 de marzo (Argentina, 2026)
Más allá del calendario de funciones, la relevancia de la película excede su estreno: plantea preguntas sobre el futuro de los espacios culturales municipales, la precariedad laboral en la cultura y el rol del cine como foro público.
Si se interpreta como una lección, ésta no es doctrinaria. La mirada de los directores y la entrega de Octavio Bertone aterrizan en detalles domésticos que resultan profundamente políticos. La película no reclama grandilocuencia: propone un modo de estar en el mundo.
En tiempos de recortes y discursos que priorizan el rendimiento económico, obras como esta recuerdan que el cine puede ser un acto de reparación social. Verla hoy supone pensar cómo sostener lugares donde la comunidad no se cuenta en términos de consumo, sino de cuidado mutuo.
Al terminar, permanece la imagen de Pelu sonriendo en la penumbra: una luz tenue, pero suficiente para sostener la memoria de lo que el cine puede ofrecer cuando se lo entiende como bien común.













