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Tras casi una década de vida familiar en un barrio cerrado de Pilar, la casa que compartieron Sabrina Rojas y Luciano Castro sigue siendo tema de interés por su diseño y el papel que jugó en la cotidianidad de la pareja. Más allá de la estética, la vivienda funcionó como refugio para la crianza de sus hijos y, según la actriz, terminó cargándose de significado personal después de su separación.
Un hogar pensado para la privacidad y el contacto con la naturaleza
La propiedad se ubicaba dentro de un complejo residencial que prioriza la seguridad y la tranquilidad, seleccionada por la pareja como lugar para criar a Fausto y Esperanza lejos del ruido mediático. Durante los años que vivieron allí, el inmueble se presentó como un espacio orientado al retiro familiar más que a la ostentación pública.
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Los planos buscaban integrar interior y exterior: grandes paños de vidrio y recorridos visuales hacia el parque favorecían la entrada de luz natural y la sensación de amplitud. Esa decisión arquitectónica, además de iluminar los ambientes, articuló la casa con el jardín de manera casi continua.
Materiales y ambientes: calidez y funcionalidad
En las estancias predominaban tonos suaves y elementos de madera que aportaban calidez. Pisos y algunos muebles en materiales nobles equilibraban las zonas amplias, pensadas tanto para la vida diaria como para recibir visitas en familia.
El jardín dejó de ser un mero fondo escénico para convertirse en escenario de la rutina: entrenamientos al aire libre, juegos infantiles y tareas domésticas se desarrollaban allí con frecuencia, según describen allegados a la familia.
La cocina: centro de la casa
El espacio que más se destacaba era la cocina, concebida como punto de encuentro entre quienes vivían la casa. Una isla central amplia y una extensa superficie de trabajo en madera funcionaban como eje para actividades cotidianas y compartir las comidas.
Tras la separación de la pareja, la cocina continuó siendo un lugar presente en la vida de Sabrina, quien mantuvo allí buena parte de su rutina durante un tiempo.
Lo emocional detrás de las paredes
La protagonista ha reconocido en varias ocasiones que la vivienda adquirió una carga afectiva que modificó su percepción del hogar. Esa dimensión emocional no es inusual en casas donde se atraviesan experiencias intensas: los recuerdos pueden transformar espacios físicos en lugares que evocan momentos concretos.
| Ubicación | Barrio cerrado en Pilar |
| Tiempo de residencia | Casi diez años |
| Estilo | Arquitectura contemporánea con énfasis en luz natural |
| Materiales dominantes | Madera y tonos claros |
| Espacios destacados | Cocina con isla central y amplio jardín integrado |
- La vivienda funcionó como refugio familiar y escenario de crianza.
- La relación entre interiores y el parque fue un eje del proyecto arquitectónico.
- Elementos como la cocina y el jardín marcaron la vida cotidiana de la familia.
- Sabrina Rojas ha señalado que la casa quedó atravesada por una carga energética vinculada a su historia personal.
Más que una nota sobre diseño, la historia de esta casa ilustra cómo los espacios domésticos reflejan procesos personales: en contextos de separación o cambio, la vivienda puede dejar de ser un refugio neutral y convertirse en un sitio cargado de recuerdos y significados.












