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Jairo regresa al escenario mayor de Cosquín en la edición número 66 con la mezcla de experiencia y emoción que trae quien ha visto al folklore transformarse. Su vuelta no es sólo un concierto: es la confirmación de una trayectoria vocal intacta, la posibilidad de ver a tres generaciones en escena y un reflejo de cómo los grandes festivales siguen reinventando su público.
El cantante llega a la Plaza Próspero Molina tras una temporada activa fuera de los focos: pinta, vive en Villa María con su pareja y acaba de terminar una autobiografía que apenas requiere retoques finales. Aunque su agenda incluye distintas disciplinas artísticas, admite que presentarse en Cosquín mantiene un valor especial muy ligado a la identidad y al afecto del público.
En sus archivos hay imágenes de aquel debut en 1988, cuando subió por primera vez al escenario sin haber asistido nunca antes como espectador. Aquel joven que se ve en la filmación sorprendió a muchos: venía “de otro palo” y las dudas sobre su participación fueron superadas por una noche dedicada enteramente al folklore, acto que consolidó su vínculo con el festival.
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Preparación y cuidado de la voz
Hoy cuida la voz con la disciplina de quien entiende su fragilidad: precalentamientos metódicos, atención a la salud y una rutina que prioriza el trabajo sobre la espontaneidad típica de las peñas. Para él, la constancia ha sido clave para mantener una calidad vocal que, asegura, no se ha resentido con los años.
La suspensión de su presentación en Jesús María por la lluvia fue una frustración reciente, pero también una lección sobre la imprevisibilidad de los festivales. En Cosquín confía en otra dinámica: la plaza, dice, exige una relación casi teatral entre artista y público, distinta de otras plazas donde la diversión predomina.
Un encuentro familiar sobre el escenario
Una de las notas más llamativas de su regreso es la presencia de su hijo y de su nieto en el mismo cartel. El nieto, que aún no proviene del circuito folklórico, acompaña los últimos shows y se perfila con talento propio. Jairo espera compartir canciones en familia: una imagen potente que subraya la continuidad generacional del género.
Sobre cambios generacionales en el público, reconoce que hoy los jóvenes priorizan la diversión y que ritmos como la cumbia o el cuarteto han modificado la escena. Aun así, su respuesta es mantenerse fiel a una propuesta auténtica: “si uno hace lo propio, el público lo percibe”, señala en referencia a la honestidad artística como puente con los espectadores.
Una historia que pudo ser
Entre anécdotas de su carrera figura un proyecto que nunca se concretó con Astor Piazzolla. En los años noventa, Piazzolla le propuso musicalizar algo juntos y llevarlo a Cosquín; la idea quedó en conversaciones, pero Jairo conserva la fascinación por imaginar ese cruce de mundos.
- Qué ofrecerá su presentación: repertorio centrado en el folklore con guiños contemporáneos.
- Forma de cuidado vocal: precalentamiento riguroso y hábitos saludables.
- Momento personal: etapa creativa y familiar, con pintura y autobiografía casi terminada.
- Punto de interés: la presencia en escena de tres generaciones de la familia González.
- Cómo verlo: la apertura de la 66ª edición podrá seguirse en vivo en lavoz.com.ar.
La cita de este sábado en Cosquín sirve como barómetro: confirma que artistas con décadas de trayectoria pueden seguir siendo relevantes sin renunciar a su esencia, y que los festivales continúan siendo espacios de encuentro entre tradición y nuevas audiencias. Para quienes siguen el folklore, verlo a Jairo con su hijo y su nieto en la misma noche es, además de un espectáculo, la fotografía de una herencia cultural en movimiento.













