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Pedro Aznar y David Lebón han reavivado públicamente el legado de Serú Girán, y lo hacen en un contexto que lo vuelve especialmente significativo: la actividad reúne multitudes y coincide con el 50º aniversario del golpe de 1976, un momento de memoria que vuelve a poner en valor las canciones y su capacidad de diálogo con el presente. La respuesta del público se traduce en entradas que se agotan en minutos y en una gira que sigue sumando fechas.
La charla con ambos se realizó en un estudio de Boedo, con los managers controlando la logística y el equipo de prensa enviando comunicados por WhatsApp que confirmaban nuevos “sold outs”. Allí contaron cómo nació la decisión de volver a interpretar ese repertorio y qué representa hacerlo hoy.
La reacción de las plazas
Los organizadores y los músicos destacan que la convocatoria no es solo nostalgia: cada anuncio vende rápidamente y convoca a audiencias muy heterogéneas. Según sus propias palabras, el público incluye tanto a quienes crecieron con esas canciones como a quienes las descubren ahora.
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- Movistar Arena (Buenos Aires): funciones agotadas (fechas anunciadas originalmente: 19 y 21 de junio, y 10 de julio); se añadió una nueva fecha para el 9 de agosto.
- Movistar Arena (Santiago de Chile): concierto emblemático el 21 de marzo, descrito por el equipo como una noche de fuerte emoción colectiva.
- Quality Arena (Córdoba): fecha prevista el 26 de junio; los productores no descartan convertirla en doblete ante la demanda.
- Otras paradas confirmadas en la gira nacional: 4 de julio en el Metropolitano de Rosario y 25 de julio en Arena Maipú, Mendoza.
Detrás del reencuentro
Según cuentan Aznar y Lebón, la idea fue madurando hasta que una invitación a un festival (el Quilmes Rock) les permitió probar el formato en vivo. De allí el proyecto se transformó en una propuesta autónoma que viaja y programa sus propios conciertos, sumando además presentaciones internacionales.
La manager Patricia Oviedo definió la noche en Santiago como un momento en el que la emoción se volvió palpable entre el equipo: evitaron mirarse para no delatarse con la mirada, porque las lágrimas afloraban con facilidad. Esa sensación de conmoción colectiva es, para ellos, la prueba de que el repertorio mantiene su fuerza.
El repertorio y la puesta en escena
En el escenario, Aznar y Lebón recuperan la química que caracterizó a la banda y reponen temas que marcaron época: Seminare, Canción de Alicia en el país, Esperando nacer y A cada hombre, a cada mujer, entre otros. La selección de canciones busca equilibrio entre discos y momentos distintos de la carrera, priorizando la fluidez y la intensidad en vivo.
Sobre la elección de músicos para el proyecto, Aznar elogió al baterista cordobés Matías Sabagh, a quien definió como meticuloso y profundamente respetuoso del sonido original de Oscar Moro, y al mismo tiempo capaz de aportar una voz propia. Lebón destacó la entrega y el cuidado con que todos los músicos asumieron el material en los ensayos.
Memoria, censura y trabajo en tiempos oscuros
El reencuentro llega en un año de conmemoración ciudadana: la música de Serú Girán nació y quedó marcada por un contexto político hostil. Ambos músicos relativizan la idea de que se trató solo de una evasión artística: fue, dicen, trabajo conciente y estratégico para sortear controles y censuras.
Aznar relató que algunas piezas del catálogo fueron intervenidas por la censura —mencionó en particular casos concretos— y explicó cómo recurrieron a códigos y metáforas, por ejemplo la tradición literaria de Lewis Carroll, para que ciertos textos pasaran por debajo del radar. Lebón sintetizó la experiencia en una palabra: oficio. En su visión, la persistencia del material se debe al trabajo constante que había detrás de cada disco y de cada concierto.
Restauración y escucha revisitada
Parte del proyecto incluyó la remasterización de los primeros discos, tarea que Aznar realizó junto al ingeniero Ariel Lavigna. La experiencia, describió, fue a la vez técnica y emotiva: al repasar arreglos y detalles sonoros descubrieron matices que sorprendieron a quienes los hicieron y renovaron la apreciación de ese material.
En cuanto a la relación con Charly García, ambos señalan que cuenta con su apoyo y que, aunque no hay nada cerrado, la posibilidad de que participe en alguna función sigue abierta. “Está contento”, dijeron de manera coincidente.
Para Aznar y Lebón, la potencia de Serú Girán radica en haber sido una banda conectada con su tiempo y, al mismo tiempo, capaz de hablar de experiencias universales que no pierden actualidad. Esa capacidad explicaría por qué hoy, medio siglo después del golpe que marcó una época, su música vuelve a movilizar audiencias y a generar debates sobre memoria y estética.
La visita a los escenarios se plantea entonces como un ejercicio doble: revivir un catálogo influyente y ofrecerlo como herramienta de memoria cultural, en la que la música funciona tanto como patrimonio emocional como como testimonio de su tiempo.














