Productores de 80 años y 500 vacas sin sucesores: amenaza para la ganadería de EE. UU.

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El 12 de noviembre, en la Bolsa de Comercio de Rosario, un especialista en producción bovina de EEUU explicará por qué el éxito estadounidense no es sólo tecnología: es un entramado de pequeñas granjas familiares que hojean hoy el reto de la sucesión. Esa tensión entre competitividad internacional y falta de relevo joven tiene efectos directos sobre oferta, precios y estrategias comerciales.

Alfredo Di Costanzo, doctor en nutrición animal por la Universidad de Minnesota y profesor en extensión en la Universidad de Nebraska, será uno de los oradores del Congreso Federal Ganadero organizado por Rosgan. Su análisis parte de la historia y la estructura productiva estadounidense para identificar lecciones aplicables hoy en los mercados de carne.

Un sistema apoyado en muchas parcelas pequeñas

La ganadería de Estados Unidos combina una industria integrada de gran escala con una base de productores muy fragmentada. La mayor parte de la oferta de terneros proviene de establecimientos familiares cuyo rodeo medio ronda las cuarenta vacas.

Pequeña explotación familiar con un rodeo de vacas en pasto
Muchos terneros provienen de explotaciones familiares de tamaño reducido.

Desde esa base se arma una cadena que agrupa la cría en multitud de unidades pequeñas y la incorpora a procesos de recría, engorde e industrialización concentrados. El resultado: un mercado interno sólido y, al mismo tiempo, cortes premium reconocidos internacionalmente.

  • Modelos familiares: la tradición y la sucesión dentro de la familia siguen siendo centrales en la incorporación a la actividad.
  • Integración productiva: muchas explotaciones pequeñas alimentan redes de feedlots y plantas de procesamiento.
  • Mercado doméstico dominante: exportaciones e importaciones representan un porcentaje reducido del comercio total (del orden del 10% cada una).

Calidad y diferenciación: clasificación y marmoleo

Un sistema de categorías comerciales, que empezó a formalizarse a inicios del siglo XX, permitió crear estándares reconocibles para compradores internacionales. Esa clasificación —con categorías como Prime y Choice, y certificaciones comerciales como Certified Angus Beef— respaldó una oferta premium.

El marmoleo (grasa intramuscular) se volvió un atributo clave en mercados que pagan por calidad: Japón, Corea, México y Canadá son algunos destinos que valoran esos cortes de alto precio. Al mismo tiempo, el consumo cotidiano estadounidense se apoya en la carne picada por su precio y versatilidad; las piezas más caras suelen destinarse total o parcialmente a la exportación.

Aspecto Situación en EE. UU. Consecuencia
Base productiva Pequeñas explotaciones familiares (rodeos promedio ~44 vacas) Alta dispersión geográfica; requiere coordinación para escala
Diferenciación Sistema de clasificación y sellos comerciales Acceso a nichos premium y mayor precio por corte
Consumo Predominio del mercado interno; cortes premium exportados Equilibra demanda masiva con segmentos de alto valor

El verdadero riesgo: el recambio generacional

Para Di Costanzo, el desafío central no es la tecnología ni los mercados: es garantizar que la actividad pase a nuevas manos. En Estados Unidos ese proceso comienza a menudo en la infancia, mediante la crianza de un ternero y la participación en programas como el Club 4‑H, una ruta de formación que conecta a los jóvenes con la práctica productiva.

Joven con ternero en programa formativo rural
Programas como Club 4‑H conectan a jóvenes con la ganadería desde la infancia.

Sin embargo, hoy muchos jóvenes optan por carreras fuera del campo o por roles técnicos relacionados pero alejados de la gestión diaria. La combinación de altos costos, escasez de mano de obra y barreras para acceder a la tierra deja a productores envejecidos sin herederos dispuestos a continuar.

El informe describe alternativas que ya se están viendo en la práctica:

  • Integración hacia atrás por parte de feedlots y grandes productores, que invierten en recría y abastecimiento de terneros.
  • Mecanismos de ingreso sin capital inicial: acuerdos en que el joven aporta trabajo (“sudor”) y recibe gradualmente animales o acceso a tierras.
  • Programas formativos tempranos que buscan retener el vínculo rural desde la infancia.

Estas soluciones alivian la presión pero no la eliminan: reconstruir rodeos exige tiempo, inversión y la voluntad de seguir en la actividad, elementos que no siempre coinciden.

¿Por qué importa esto hoy?

Con inventarios relativamente ajustados, la relación entre producción y consumo favorece precios atractivos en el corto plazo. Pero la oferta futura dependerá de quién esté dispuesto y capacitado para producir terneros dentro de diez o veinte años.

Para países exportadores o con tradición ganadera, la experiencia estadounidense ofrece una doble lección: se puede alcanzar reconocimiento de calidad y acceso a mercados de alto pago manteniendo una base de pequeñas explotaciones; pero esa estructura es frágil si falla la transmisión generacional.

En términos prácticos, eso implica que políticas públicas, esquemas de financiamiento, programas educativos rurales y modelos contractuales innovadores serán piezas claves para sostener la oferta y evitar la concentración por capitales externos o el abandono de la actividad.

La presentación de Di Costanzo en Rosario será, por lo tanto, más que una historia sobre cuánto pesan las vacas en el corral: servirá para discutir las decisiones que hoy determinan la disponibilidad y el precio de la carne en los próximos años.

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