Mostrar resumen Ocultar resumen
El Gobierno nacional oficializó la designación de Adriana Baravalle como nueva secretaria de Innovación, Ciencia y Tecnología, en un nombramiento que llega tras la salida del anterior titular y en medio de una reestructuración del área de comunicaciones. La movida, firmada por la Casa Rosada, busca acelerar la incorporación de tecnologías emergentes al sector público y rediseñar la vinculación entre el Estado, la academia y el sector privado.
El nombramiento fue formalizado por medio del Decreto 730/2026, suscripto por el presidente Javier Milei y el jefe de Gabinete, Diego Santilli. Baravalle asume luego de la renuncia de Darío Genua, que se produjo a fines de julio tras semanas de incertidumbre en el área.
Marcelo Gallardo, ficha cerrada para dirigir a la selección ecuatoriana
Súper Niño provoca alerta por lluvias y sequías: qué debes saber hoy
Desde el Ejecutivo se definió a Baravalle como una figura que combina trayectoria académica, experiencia en proyectos técnicos y presencia en foros internacionales, posicionándola como referente para la puesta en marcha de políticas públicas sobre inteligencia artificial y otras tecnologías críticas.
Perfil y trayectoria
Baravalle tiene antecedentes en investigaciones sobre **inteligencia artificial**, criptografía poscuántica e infraestructura crítica, y participa en redes científicas internacionales. En su recorrido se cuentan roles académicos y la dirección de laboratorios universitarios orientados a tecnologías exponenciales.

Según la comunicación oficial, es doctora en Inteligencia Artificial por la American Andragogy University (EE. UU.), además de magíster en Ciencia de Datos y Gestión del Conocimiento por la Universidad Austral, donde actualmente cursa un doctorado en Ingeniería. Dirige el Laboratorio de Tecnologías Exponenciales de la Universidad Austral y es fundadora y directora académica de synapsIA, una red regional dedicada a la formación y cooperación en IA en América Latina.
Su llegada apunta, en palabras del Gobierno, a impulsar una agenda de transformación tecnológica del Estado, promover la adopción de nuevas soluciones tecnológicas y reforzar los vínculos entre el sector público, el privado y el ecosistema científico y académico.
Por qué importa ahora
La designación tiene una relevancia práctica: afecta la gestión de organismos clave del sistema científico y tecnológico del país y coincide con una reconfiguración administrativa que modificó el control de varias entidades vinculadas a comunicaciones.

En marzo pasado, el Ejecutivo publicó el Decreto 581/26, que trasladó el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom) y la Agencia de Acceso a la Información Pública (AAIP) a la Jefatura de Gabinete, y reasignó empresas estatales como Arsat y Correo Argentino bajo la órbita del vicejefe de Gabinete, Gustavo Coria. Ese cambio de mapas institucionales reduce la dependencia directa de la secretaría en algunas áreas, pero mantiene en su cartera organismos estratégicos para la ciencia y la tecnología.
- Responsabilidades clave: coordinación con el Conicet, la Conae, el Banco Nacional de Datos Genéticos y proyectos espaciales y tecnológicos.
- Objetivo declarado: fomentar la innovación estatal y acelerar la adopción responsable de tecnologías emergentes, incluida la IA.
- Impacto esperado: mayor articulación entre universidades, centros de investigación y empresas, y promoción de iniciativas de formación y cooperación regional.
Para el sector científico, la continuidad o modificación de programas dependerá ahora de las prioridades que fije la nueva conducción y de cómo se alinee con la reestructuración administrativa en curso. Los especialistas consultados por organismos del área destacan que la articulación entre políticas públicas y proyectos de investigación será determinante para mantener financiamiento y proyectos internacionales activos.
Lo que sigue
La secretaría que asumirá Baravalle conserva bajo su órbita estructuras que definen gran parte de la política científica nacional, por lo que los próximos meses serán decisivos para conocer el alcance real de su gestión.
Entre las primeras señales a observar estarán los nombramientos en equipos técnicos, la continuidad o reorientación de programas de investigación, y las iniciativas para regular el desarrollo y uso de la inteligencia artificial en el país.
En un escenario global donde la competencia tecnológica es intensa, la designación suma un capítulo más a la configuración del mapa argentino en ciencia y tecnología y condiciona debates futuros sobre gobernanza, ética y soberanía tecnológica.












