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La Ciudad instaló el primer PET‑CT fuera del sistema privado en la Capital: un equipo híbrido que acelera diagnósticos oncológicos y evita que pacientes deban trasladarse a prestadores externos. La novedad, situada en el hospital oncológico Marie Curie, promete recortar tiempos de espera y mejorar la precisión de estudios que hasta ahora se hacían por separado.
Qué es el PET‑CT y por qué importa
Se trata de un aparato que combina dos técnicas complementarias: por un lado, la tomografía por emisión de positrones (PET), que muestra la actividad metabólica de las células; por otro, la tomografía axial computada (TAC), que aporta la imagen anatómica en alta resolución. Al superponer ambas capas de información, los médicos obtienen una visión más completa del tumor en un solo examen.
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Ese cruce entre metabolismo y anatomía tiene consecuencias prácticas inmediatas: reduce la necesidad de realizar dos estudios separados, acorta plazos y, según los responsables del hospital, disminuye la exposición global a radiación.
Qué cambia para los pacientes
El equipo ya está instalado en el hospital Marie Curie, en Caballito, y comenzará su funcionamiento gradual con cuatro turnos diarios, aumentando la capacidad con el tiempo. Hasta ahora, quienes necesitaban un PET‑CT debían acudir a centros privados y esperar —en promedio— cerca de un mes para el estudio.
La inversión fue importante: el Gobierno de la Ciudad destinó más de 1.300 millones de pesos para la compra e instalación del equipo, en el marco de un plan de obras en hospitales.
- Menos tiempo: agiliza el diagnóstico y el inicio del tratamiento oncológico.
- Mayor precisión: combina información metabólica y anatómica en la misma imagen.
- Evaluación completa: permite explorar el cuerpo entero en busca de metástasis.
- Menor complejidad: evita la derivación a distintos centros y simplifica la logística para el paciente.
Cómo funciona en la práctica
El PET detecta radiación emitida por un radiofármaco administrado al paciente, revelando zonas de consumo elevado de glucosa —una señal frecuente en células tumorales—. El TAC, en tanto, usa rayos X para reconstruir la anatomía en tres dimensiones. Un software especializado fusiona ambos mapas y genera una imagen “completa” del órgano o lesión que se analiza.

Un especialista del hospital explicó que, aunque el PET es muy sensible para detectar actividad anómala, su precisión mejora notablemente al combinarse con la resolución espacial del TAC. El resultado: mejores decisiones clínicas a la hora de elegir entre cirugía, quimioterapia, radioterapia u otras opciones.
Alcance clínico y límites
Si bien el uso principal de este equipo está orientado a la oncología —alrededor del 80% de las solicitudes habituales— también puede emplearse en cardiología e infecciones, según fuentes oficiales. Por eso su ubicación en un centro oncológico responde a la mayor demanda de ese ámbito.
No obstante, los médicos remarcan cautela: el PET‑CT implica exposición a radiación y existen indicaciones precisas para su empleo. No es un examen que deba repetirse sin justificación clínica, y la decisión se toma caso por caso.
Perspectiva sanitaria
Para las autoridades, la incorporación del equipo busca igualar capacidades entre el sistema público y el privado, facilitando el acceso a técnicas de diagnóstico avanzadas sin trasladar el costo directamente al paciente. Especialistas consultados valoran el avance, pero subrayan que su impacto dependerá de la gestión del acceso y de la formación de los equipos que lo operan.
En resumen: la instalación del PET‑CT en el Marie Curie es una herramienta que puede acortar tiempos críticos en la detección y estadificación del cáncer, mejorar la precisión de los tratamientos y reducir la necesidad de acudir al sector privado —siempre que su uso se administre con criterios clínicos claros y planificación operativa.











