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La administración de las islas del Atlántico sur anunció la prórroga por cinco años de todas las licencias offshore vigentes, con la opción de ampliar ese plazo por dos años más, una medida apoyada por el Gobierno del Reino Unido que vuelve a tensar la relación con Argentina en plena escalada política y judicial. La decisión reaviva el conflicto sobre la exploración petrolera en el área y plantea riesgos prácticos para empresas, gobiernos y el medio ambiente.
Las autoridades isleñas justificaron la extensión al señalar que los contratos están en fase de exploración y que la continuidad dependerá del cumplimiento de los programas de trabajo. Además, anunciaron que durante el nuevo período podrán planificarse campañas adicionales, incluida la perforación de pozos de evaluación para determinar mejor el potencial de los yacimientos.
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En términos concretos, la administración local prorrogó las licencias por cinco años con posibilidad de añadir otros dos. Entre las decisiones puntuales figura la aprobación de la transferencia de participación en el bloque PL001, donde Navitas Petroleum Atlantic Limited pasará a controlar el 65% y JHI Falkland retendrá el 35%.

- Proyectos bajo lupa: El proyecto más controvertido sigue siendo Sea Lion, ubicado en la cuenca norte, a unos 220 km del archipiélago.
- Operadores implicados: Navitas (65%) y Rockhopper Exploration (35%) mantienen planes de desarrollo, según las empresas.
- Condición técnica: Las prórrogas están supeditadas al cumplimiento de las obligaciones de exploración y de los estándares ambientales que exigen las autoridades isleñas.
Reacción argentina y medidas legales
El anuncio se produce en un contexto de respuesta firme por parte del Gobierno argentino. En las últimas semanas la Casa Rosada presentó un proyecto de ley para endurecer sanciones contra quienes exploten recursos en áreas reclamadas por Argentina y la Justicia abrió causas contra compañías y directivos vinculados a la actividad petrolera en las islas.

El 16 de septiembre, la jueza federal de Río Grande, Mariel Borruto, dictó una medida cautelar que ordenó a Rockhopper y a Navitas abstenerse de iniciar o continuar trabajos relacionados con el desarrollo del proyecto Sea Lion —incluidas perforaciones e instalaciones submarinas— en el marco de una acción preventiva por posible daño ambiental. Sin embargo, la eficacia práctica de esa decisión fuera del territorio argentino es limitada y plantea un escollo jurídico relevante.
Implicaciones diplomáticas y económicas
La medida isleña, respaldada por Londres, complica la agenda diplomática: el reclamo por la soberanía de las Malvinas sigue como asunto central en la política argentina —incluido en la agenda que llevará el presidente Javier Milei a la Asamblea General de la ONU— y aumenta la posibilidad de nuevas sanciones y medidas legales contra empresas y directivos.
Para las compañías, la extensión ofrece un horizonte de trabajo más amplio, pero también amplía la exposición a litigios, sanciones y riesgos reputacionales. Desde el punto de vista ambiental, la planificación de nuevos pozos de evaluación despierta inquietudes entre organizaciones civiles que han impulsado acciones judiciales por posibles daños.
- Para los inversores: mayor horizonte de exploración, mayor riesgo legal y político.
- Para la diplomacia: nuevo motivo de roce entre Buenos Aires y Londres en momentos de máxima visibilidad internacional.
- Para la sociedad y el ambiente: potencial incremento de impactos ambientales que obliga a controles rigurosos y transparencia en las operaciones.
Cheryl Roberts, responsable de Comercio, Industria y Recursos Minerales en la Asamblea Legislativa de las islas, sostuvo que la prórroga permitirá a los operadores continuar invirtiendo y desarrollando sus áreas bajo estándares internacionales de seguridad y protección ambiental. Esa afirmación instala un debate central: cómo compatibilizar la continuidad de la exploración con garantías verificables de protección ambiental y cumplimiento legal.
Qué puede pasar ahora
El escenario inmediato plantea varias vías posibles: recursos judiciales en diferentes instancias, presión legislativa para sancionar a empresas o directivos, y negociaciones diplomáticas en foros internacionales. En la práctica, la aplicación de medidas cautelares argentinas sobre actividades que se desarrollan fuera de su jurisdicción depende de la cooperación internacional y de las decisiones de terceros (puertos, aseguradoras, empresas proveedoras).
En suma, la prórroga de licencias añade un nuevo capítulo a una disputa donde se mezclan soberanía, economía y conservación ambiental. Las próximas semanas serán claves para observar si las empresas mantienen sus planes, si la justicia argentina consigue frenar actividades desde su esfera de influencia y si la diplomacia abre canales de diálogo o endurece posiciones.












