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Lucrecia Martel llegó a Córdoba esta semana para recibir el título de doctora honoris causa de la Universidad Nacional de Córdoba y participar en un conversatorio sobre archivo fílmico. Su presencia y sus reflexiones vuelven urgente una pregunta central: ¿cómo inventar un cine capaz de responder al presente marcado por la precariedad laboral, la saturación de pantallas y la resignificación del pasado?
Además de la distinción académica, Martel se reunió con realizadores locales para debatir sobre la arqueología audiovisual y el uso del archivo como materia prima. En diálogo con este medio trazó una lectura crítica sobre las condiciones culturales y sociales que enfrentan las nuevas generaciones de cineastas y espectadores.
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La urgencia y la decisión de crear
Para Martel, la dificultad principal no es técnica sino ética y emocional: la época confunde el agobio con la urgencia y promueve la expectativa de que otros tomen la iniciativa. Aun así, confía en que hay jóvenes que ya están probando caminos alternativos, aunque critica la falta de impulso institucional para fomentar la innovación cinematográfica.
En su diagnóstico se entrecruzan dos problemas: la necesidad de asegurar un trabajo y el deseo de explorar formas narrativas distintas. Cuando el mercado ofrece sobre todo formatos moldeados por la lógica del consumo, la rebeldía rara vez se traduce en rentabilidad. La pregunta práctica, según Martel, es cómo articular trabajo y deseo para hacer posible la invención.

Distracciones que diluyen el presente
Martel subraya el papel de las pantallas como mecanismo de evasión. Las redes sociales, dice, multiplican satisfacciones inmediatas que consumen el tiempo que podría dedicarse a pensar y a actuar. No lo describe como una condena absoluta: la curiosidad sigue siendo una vía de escape de esa trampa, cuando empuja a buscar, investigar y confrontar realidades incómodas.

- Invención del cine: no es un gesto abstracto; es una práctica ligada a decisiones cotidianas y a la voluntad de transformar.
- Trabajo: la precariedad obliga a combinar sostenibilidad económica y apuesta creativa.
- Archivo fílmico: debe entenderse como recurso para revisar, reelaborar y generar nuevas narrativas sin producirlo todo desde cero.
- Resistencia vs. invención: resistir puede ser encerrarse en la nostalgia; inventar, en cambio, busca construir alternativas.
- Espacio: la crisis de la vivienda conecta con procesos históricos de expulsión y desigualdad.
El archivo como recurso y salida económica
Martel celebra que una generación de cineastas recurra cada vez más al material previo: grabaciones domésticas, noticieros, videos en línea. Ese acervo permite construir relatos nuevos sin la inversión masiva que exige producir material original, una ventaja para cinematografías con recursos limitados.

Relató cómo el hallazgo de un video en redes fue el punto de partida para su película más reciente: la curiosidad frente al archivo le permitió reconocer una escena ya vista y olvidada, y eso activó una investigación que terminó por intervenir la memoria pública.
Política, verdad y particularidad
Martel sostiene que la creación audiovisual no es neutra: el cine tiene la capacidad de mostrar cómo se construyen las versiones oficiales de la realidad. No se trata de sustituir una verdad por otra, sino de exponer los mecanismos que producen esas verdades.
En ese marco rechaza la pretensión de un «discurso universal». Propone, en cambio, apostar por lo regional, lo específico y lo particular como estrategias más potentes para conectar con audiencias diversas sin renunciar a una mirada crítica.
Espacio y desigualdad: una continuidad histórica
La cineasta conecta la problemática de la vivienda con la historia de las comunidades originarias: ambas son expresiones de la misma lógica que permite a algunos apropiarse del espacio y relegar a otros. Desde su perspectiva, la falta de acceso a un hogar dignifica no es solo una emergencia social contemporánea sino la continuación de un proceso histórico de expulsión.
Martel espera que esa toma de conciencia —de jóvenes que no encuentran dónde vivir, de familias obligadas a ocupar tierras— impulse cambios reales. Considera que el cine puede contribuir a esa conversación al poner en escena las relaciones de poder que definen el acceso al espacio.
La visita de Martel a Córdoba funciona, en ese sentido, como un recordatorio: inventar cine hoy no es únicamente una cuestión estética, sino una práctica política que atraviesa trabajo, memoria y territorio. Su propuesta combina intervención del archivo, atención a lo local y la exigencia de recuperar tiempo y espacio frente a la distracción digital.













